A la mañana siguiente, fingir que todo era normal fue como llevar puesta una máscara que no encajaba del todo.
Dormí poco. No porque estuviera nerviosa por Lucien, sino por… eso. Ese rayo púrpura que desgarró el cielo como si fuera papel mojado. Que salió de mí. De nosotros.
Todavía podía sentir su energía residual en mis labios, un zumbido eléctrico que recorría mi columna vertebral cada vez que lo recordaba. El beso. El segundo intento. El estallido. Su mirada de asombro. Su respiración entre