El camino de regreso a casa fue más silencioso de lo que imaginé. Mamá caminaba rápido, como si quisiera alejarse lo antes posible de su propio taller, y yo iba a su lado en automático, mareada y con los pensamientos desordenados, luchando por no tambalearme demasiado con cada paso. El alcohol aún no me soltaba del todo, pero ya no era solo la embriaguez lo que me tenía mareada. Era todo el estrés de la situación anterior y la vibra extraña que provenía de mi madre.
Había algo en el modo en que