—Andy… —dije con un nudo en la garganta—. Tengo que decirte algo. Algo que no puedo callar más.
Ella no respondió, pero sus ojos buscaron los míos.
—Todo esto… —tragué saliva—. Fue por mi culpa.
Su ceño se frunció, visiblemente confundida.
—¿Qué…?
—Lo que viste esta noche, esas criaturas… vinieron por mí. No fue un ataque al azar. Me estaban buscando.
Ella se apartó un poco, como si le hubiera hablado en otro idioma.
—¿Qué estás diciendo, Ángela?
Inspiré hondo. El aire dolía.
—Los rumor