Mundo ficciónIniciar sesiónAntonella jamás imaginó que el hombre al que amaba la abandonaría justo cuando más lo necesitaba. Embarazada de gemelas y completamente sola, su mundo se derrumba. La vida le da otro golpe devastador: una de sus hijas nace sin vida. Con el corazón destrozado pero decidida a luchar por la pequeña que sobrevivió, Antonella encuentra refugio en un inesperado lugar, la casa de Dante, un magnate enigmático, reservado y marcado por un pasado oscuro. Lo que parecía un simple empleo se convierte en su salvación y en el inicio de una historia que cambiará sus vidas. Dante, frío y solitario, se ve conmovido por la recién nacida que llega a sus brazos como un rayo de luz. Sin entender por qué, promete protegerlas. Lo que ninguno imagina es que ese angelito será capaz de derretir el hielo que cubre su alma y cambiar su perspectiva en cuanto a sufrir por su pasado. ¿Podrá Antonella sanar sus heridas? ¿Y Dante, atreverse a amar otra vez cuando creía que su corazón ya no tenía salvación?
Leer másAntonella.Mis lágrimas comenzaron a brotar sin control mientras observaba a mi pequeño. Todo había ocurrido tan rápido. Nunca me había sentido enferma, pero de repente mi presión arterial se disparó sin previo aviso. Ahora solo podía ver a mi bebé sin poder tocarlo. La enfermera lo sostenía en brazos mientras salía apresurada de la sala, asegurándose de mantenerlo a salvo. Yo solo sentía náuseas mientras los médicos seguían trabajando en mí, después de realizarme la cesárea, al parecer mi cuerpo no pudiera soportar un embarazo completo. Cerré los ojos con fuerza, tratando de espantar las náuseas, de no pensar. No quería pensar. Lo único que importaba era que mi hijo estaba bien, como la enfermera me lo había dicho. El resto no importaba.En algún momento me venció el cansancio, y sin darme cuenta me quedé dormida.Desperté sobresaltada por un llanto agudo. Abrí los ojos y vi que ya me encontraba en la sala de recuperación. La herida en mi vientre ardía con un dolor profundo. Me costa
Antonella Entré lentamente a la habitación de Dante. Al principio me extrañó no verlo ahí. El silencio reinaba, apenas interrumpido por el sonido de la lluvia que comenzaba a golpear con fuerza los ventanales. Un relámpago iluminó por un instante el pasillo, y fue entonces que lo escuché. Un llanto ahogado, desesperado, provenía de la habitación contigua. No necesité pensarlo mucho, supe de inmediato que era la habitación de su hija difunta.Con el corazón encogido empujé suavemente la puerta. La escena me rompió el alma: ahí, en el suelo, encorvado, estaba Dante. Lloraba con los ojos cerrados, apretando con desesperación un peluche entre sus manos. Sus sollozos retumbaban en la habitación, mezclándose con el estruendo de la tormenta afuera. Sin pensarlo, me arrodillé a su lado y lo rodeé con mis brazos, atrayéndolo hacia mí.—Tranquilo, Dante… —susurré, acariciando su cabello—. Tranquilo, por favor.Su cuerpo temblaba, sacudido por el llanto, mientras su rostro se hundía en mi pecho
RECUERDOS Llamaba una y otra vez, pero ella no contestaba. El tono del teléfono seguía, hasta que finalmente su voz apareció al otro lado de la línea.—Te estoy llamando y ni siquiera respondes las llamadas.— reclamé, tratando de mantener la calma.—Dante no he podido salir del trabajo. Entiéndeme.—¿Por qué no vas a poder salir del trabajo? —insistí—. Habíamos quedado en que iríamos a celebrar el cumpleaños de Nayeli.—Dante… Por favor, entiende que estoy trabajando —respondió con tono tenso.Pero entonces, escuché otra voz al fondo. Mi corazón dio un vuelco. ¿Quién demonios era?—¿Quién es? —le pregunté, sintiendo que la rabia me subía a la garganta—. ¿ Con quién estás, Izadora?—Estoy con Leandro —respondió rápidamente—. Por favor, estamos terminando un trabajo.—¿Por qué siempre que te llamo tienes que estar con Leandro? —el enojo me nublaba la vista—. ¿Por qué si es tu socio, él no puede hacer el trabajo solo? ¡Hoy es el cumpleaños de nuestra hija! ¡Podrías haber pedido un día l
DanteHan pasado varios meses desde aquel día en que me casé con Antonela, allí, en el rancho de mi madre. Aquel día donde di un paso que mi corazón ya había tomado desde mucho antes, aunque aún no logro descargar del todo lo que llevo dentro. Estoy enamorado de ella. No es un gusto pasajero, no es simple atracción; es amor. Pero de ese amor que asusta, que me da miedo mostrar, miedo de soltar por temor a perderla, a perder a mis hijos… miedo de que el pasado regrese como un verdugo y me arrebate lo que ahora tengo.Hay noches en las que el solo pensar en estar lejos de ella, de Milagros, o de nuestro hijo que está a tan solo unas semanas de nacer, me consume. Y aun así, me he esforzado en actuar con normalidad, en mostrarme firme, en aparentar serenidad, cuando por dentro muero de ganas de abrazarla, de besarla, de decirle cuánto la amo, cuánto la deseo, cuánto necesito de su sonrisa para seguir respirando.Pero no… no es el momento.Estos días han sido particularmente agitados. Las
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