Al llegar a la mansión, el chofer se encargó de bajar las compras mientras yo entraba al salón. Apenas crucé la puerta, mi hija vino corriendo hacia mí con pasos apresurados, y la alcé entre mis brazos con una sonrisa. Su carita se iluminó al ver el peluche de Stitch que traía conmigo.
—Dime, cariño, ¿te gusta el regalo que te trajo papá?
Ella asintió con entusiasmo, abrazando fuerte al muñeco. Subimos juntos a la habitación de Antonella. Ella estaba sentada en su escritorio, concentrada, pero