Capitulo 8

Antonella.

Antes de que comenzara la tarde, me dispuse a limpiar uno de los cubículos del tercer piso. Mientras me agachaba para recoger unos papeles del suelo, mi estómago gruñó con fuerza. El hambre me estaba matando de nuevo y eso ya era ser gula.

Saqué de mi bolso, un pequeño trozo de pan que me había sobrado de la mañana, y lo comí con rapidez, tratando de disimular. Si alguna de las otras limpiadoras me veía en ese estado, estaría en serios problemas. No quería perjudicarme, ni mucho menos hacer quedar mal a la señora Guzmán, quien fue la única que, con un poco de compasión, me dio esta oportunidad. Ella me lo advirtió antes de empezar mi trabajo.

—Cuídate, Antonella. No dejes que nadie se dé cuenta de tu estado… por lo menos no aún. Yo hablaré con mi sobrino, el gerente, más adelante para que hable con el CEO. — suspiré recordando eso. Tenía que tener cuidado, así qué debía aguantar.

Llené un vaso plástico con agua, enjuagué mi boca con cuidado y exhalé un suspiro. Tenía que te
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