Mundo ficciónIniciar sesiónLa arpía, es una novela sobre cicatrices, poder y la eterna búsqueda del amor. Alexia Sellers no nació mala. Nació rota. Criada en un entorno sin afecto ni empatía, aprendió desde muy temprano que el amor no siempre llega… y que cuando llega, duele. Sin embargo, su historia no es de derrota, sino de transformación. No la que esperas. No una que abrace la luz. Alexia aprendió que el dinero puede comprar protección, poder y respeto. Pero no puede comprar lo que más anhela: paz interior. Fría. Calculadora. Seductora. Implacable. Eso es lo que el mundo ve. Pero yo, su creadora, aún atisbo los fragmentos de la niña que fue, atrapada tras una armadura de lujo y frialdad. Esta no es la historia de una heroína. Es la historia de una mujer que lucha con sus sombras. Una villana que no pidió serlo. Una mujer que tal vez, solo tal vez, todavía puede encontrar redención… si decide buscarla. ¿Y tú? ¿Te atreves a conocer a Alexia Sellers?
Leer másAlexia:Salimos del hotel en completo silencio; ninguno de los dos emite palabras y, a decir verdad, no puedo borrar la satisfacción de haber visto a ese mal nacido sufrir en carne propia lo que me hizo vivir desde niña.De regreso a casa de Marta, me pongo a pensar en un sinfín de cosas, dándome cuenta de que tengo una opresión en mi pecho, sin poder distinguir de qué se trata. «¿Será un infarto al corazón?». Definitivamente no, y maldigo por dentro. «¿Por qué hasta el último minuto el perro de mi padre me hace daño?». Me sentí medianamente satisfecha por lo que sucedió esta tarde, pero nunca es suficiente para mí, y lo que es peor, observar su sufrimiento fue un reflejo de mí misma; los malditos recuerdos me envuelven y deseo gritar y decir "ya basta".—¡Detén el auto! —digo en un acto de desesperación.—¿Qué?—¡Qué detengas el auto! —exclamo exaltada, mientras Remigio hace lo que le pido.Nos quedamos en una orilla de la calle, mirando hacia el frente. Mi respiración está agitada y
Advertencia: Este capítulo contiene escenas de contenido sexual explícito y lenguaje fuerte. Se recomienda discreción.Alexia:Mi cabeza da vueltas ideando un plan para que la venganza que se aproxima sea más satisfactoria para mí, pues no me conformo si no veo con mis propios ojos su sufrimiento y escucho con mis oídos sus gritos de dolor. Espero paciente a que Máximo entre al baño y llamo a Remigio; le cuento lo acontecido con el monstruo y, al igual que yo, está feliz. Me apoya en un cien por ciento, ya que me conoce a la perfección y ha visto cómo he sufrido con los recuerdos que albergan mi cabeza, aunque creo que jamás se irán.Llega el día en que seré una mujer nueva, aunque faltan horas para que el perro pague por sus crímenes. Como ya es costumbre, Máximo se levanta temprano para hacer un poco de ejercicio antes de ir a trabajar; está cumpliendo a cabalidad su compromiso de hacer de este un día normal, no obstante, los dos sabemos que no lo es. Yo, por mi parte, no hallo la h
Alexia:Llega la hora de volver a Estados Unidos; me siento con deseos de ver a Marta, Laura y Remigio. También me siento ansiosa de poder realizar mis sueños y ver al monstruo sufrir. Sé que Máximo no quiere que esté presente, pero no tiene por qué enterarse.«¿O sí?».El avión aterriza; una limusina espera por nosotros. Amelia se sorprende al ver el tamaño del auto; Máximo y yo reímos ante su gesto y la ingenuidad que caracteriza a los niños. Llegamos a nuestra casa, la cual puedo llamar hogar. Lo primero que hago es organizar una habitación para mi hija y empiezo a buscar expertos para que Amelia tenga la habitación de sus sueños; Máximo se sorprende, pues no llevamos ni veinticuatro horas en el país y ya tengo a la mejor decoradora conversando con Amelia para que conozca sus gustos y el cuarto quede tal cual ella desea.Tengo deseos de que Marta y Laura me visiten; sin embargo, Máximo no conoce de su existencia, no sabe que las tengo en mi vida, pues cree que estoy un cien por cie
Alexia:Al llegar al teatro nos dirigimos a nuestros asientos; Amelia está nerviosa, entretanto, Pascal no tiene idea de dónde estamos. Sandra se queda con la pequeña, mientras con Máximo llevamos a Amelia a la parte trasera del teatro, donde está reunido todo el elenco que participará en la obra. Con orgullo camino de la mano de Máximo; sin duda es el hombre más guapo que hay en este lugar, hasta puedo asegurar que es el más atractivo del mundo.—Saldrá todo perfecto —le digo a Amelia una vez que hemos llegado tras bambalinas—, eres la mejor, y recuerda, no importan los demás, solo importas tú, ¿de acuerdo?—Sí, mamá —responde, y escucharla decirme mamá es, de lejos, lo mejor que me puede suceder.—¡Te saldrá perfecto, preciosa! —exclama Máximo, asumiendo el rol que prometió darle a mi hija: el de su padre.—Gracias, papá —responde Amelia, y me sorprende la facilidad que tiene para acostumbrarse al cariño que las personas le brindan; solo espero que sepa reconocer dónde hay luz y dón
Último capítulo