Inicio / Romance / La arpía ¿Placer o venganza? / Capítulo 4. parte 2 - El precio del paraíso
Capítulo 4. parte 2 - El precio del paraíso

El precio del paraíso. Parte 2

Alexia:

Una semana después de la llegada a Brasil, mi desespero aumenta, con la necesidad de finiquitar el trabajo lo más pronto posible. Dormir junto a José se vuelve un fastidio; los constantes ronquidos y flatulencias me tienen vuelta loca; es, sin duda, un cerdo vestido de etiqueta.

—Amor, tengo reservas en el mejor restaurante de Brasil, para que pasemos una velada romántica —escucho a mis espaldas.

Tomo aire y me volteo para mirarlo sonriente. A veces me pregunto: «¿Cómo logro que se me ilumine la mirada sin sentir gusto ni placer por lo que oigo o tengo en frente?», definitivamente es un don maravilloso con el que he nacido, no tengo más explicación, pues el panorama que me pinta José es claramente desagradable para mí.

José se acerca depositando besos en mi cuello. Le sonrío "enamorada" mientras pienso en una estrategia para no salir con él.

—Qué lindo eres, pero ¿tiene que ser justo hoy? —pregunto—. Quedé de juntarme con Remigio. Me ha llamado esta tarde y tiene algunos problemas, y ya sabes, soy su única familia; no quiero que se sienta solo, o que crea que lo he dejado de lado por mi matrimonio contigo. Siempre hemos estado unidos y ahora el amor me unió a ti —suelto sin más, sabiendo que mi última frase es, sin duda, el gatillante para que José cambie el semblante, dispuesto a consentirme en mis caprichos.

—No hay inconveniente, amor, comprendo la situación. Ya tendremos tiempo para nosotros —José estira su mano, esperando que yo la reciba. Ciertamente, hago lo que me pide, pues no debo fallar en nada—. Sal con tu hermano, pero esta noche te quiero solo para mí. Quiero pasar mi lengua... tú sabes por dónde.

Desde la boca del estómago, una náusea sube con rapidez, directo a mi garganta, la cual debo reprimir si deseo que todo salga bien.

—No me digas eso, eres tan ardiente. Me mojo de solo pensar en lo que me harás —miento.

—Subamos al cuarto, quiero follarte antes de que te vayas.

«¡Mierda!»

—Qué delicia —respondo—. Espérame en la cama, desnudo. Quiero ver una escena que me deje a mil.

José sube corriendo por las escaleras, mientras me quedo pensando en una buena maniobra para no sentir sus asquerosas manos sobre mí, hasta que decido emplear una idea que espero funcione.

Voy hacia la cocina y le pido a una de las empleadas que me dé dos copas y una botella de champagne, pues necesito valor para complacer a mi querido esposo.

—¿Te gusta lo que ves, Alexia? —es lo primero que escucho al entrar a la habitación.

José está tirado sobre la cama, completamente desnudo, tal cual se lo he pedido, y la respuesta a su pregunta es un rotundo NO.

«¿Qué tiene de bueno contemplar el cuerpo de un anciano, con una panza parecida a la de una mujer de siete meses de embarazo?»

Sin contar la polla, que mi dedo meñique es más grande que eso.

—Esa pregunta no se hace, amor... —digo. Me acerco a una mesita que está frente a nuestra cama y comienzo a servir el espumante. En la copa de José pongo una pastilla para dormir, con la esperanza de que haga efecto pronto—. Brindemos por la suerte de habernos enamorado —alzo mi copa.

Camino lentamente hacia mi esposo y lo beso, para luego extenderle la copa que contiene el que será mi salvación. Lo miro con lujuria, mojo mis labios, y hago que beba lo que he preparado.

—¡Salud por el amor que nos tenemos! —brinda José.

Dejamos nuestras copas vacías arriba de la mesita de noche. Cuando José se abalanza sobre mí, alcanzo a escabullirme, parándome a los pies de la cama, rogando que, por favor, las pastillas hagan su trabajo.

—¡Estás goloso, eh! —digo—. Mi goloso —el corazón me late a mil por hora, queriendo escapar de esas manos que solo desean tocarme.

—Y tú estás juguetona. Mira lo que tengo para ti —dice señalando su miembro erecto.

Mientras se masturba, yo finjo deleite, pero lo que veo es una película de terror.

—Eso es, mi amor, acaríciate para mí. Me gusta, no sabes cómo me excita ver cómo lo haces —miento, esperando que el milagro suceda—. Mientras te satisfaces, yo me sacaré la ropa lentamente. Cuando quede desnuda, abriré las piernas, quedando expuesta para ti. Pasaré mis dedos juguetones por mi clítoris, y pensaré que es tu lengua, y estarás ahí, viéndome como me acaricio.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP