Epílogo. Parte final

Alexia:

Salimos del hotel en completo silencio; ninguno de los dos emite palabras y, a decir verdad, no puedo borrar la satisfacción de haber visto a ese mal nacido sufrir en carne propia lo que me hizo vivir desde niña.

De regreso a casa de Marta, me pongo a pensar en un sinfín de cosas, dándome cuenta de que tengo una opresión en mi pecho, sin poder distinguir de qué se trata. «¿Será un infarto al corazón?». Definitivamente no, y maldigo por dentro. «¿Por qué hasta el último minuto el perro d
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