Mundo ficciónIniciar sesiónTras haber cometido errores, y un accidente que lo cambió todo, Carol Green decide empezar desde cero siendo mesesera en el club más importante de Steelney. Ella se verá envuelta en varios problemas, mismos que tendrá que enfrentar a lado del reconocido empresario Nick Lancaster, pues se verá atada a él gracias a un contrato que garantiza no solo su protección, sino también las respuestas a lo que ocurrió con su familia hace años. Siendo Nick un amor del pasado, Carol tendrá que elegir entre el poder y el amor.
Leer másCapítulo 1.
Tentación. POV Ashley. ¿Cuál es el pecado más grande que han cometido? El mío no tiene perdón: me entregó a mi cuñado mientras mi hermana duerme en la habitación de arriba. Estoy en casa de Tiffany, mi gemela, para ayudarla con los arreglos de su aniversario. Es un plan que tenemos desde hace semanas; ella quiere sorprender a Álvaro, su esposo, y como estoy libre del trabajo, decido llegar unos días antes. En este momento, estoy en la cocina preparando un té para conciliar el sueño. El silencio es absoluto hasta que, de repente, unas manos fuertes me apresan desde atrás. No me dan tiempo a reaccionar. Siento cómo desliza su mano con urgencia por el short de mi pijama, buscando directamente mi feminidad. —Hola, cariño… —susurra en mi oído. El tono pastoso de su voz me sobresalta, pero su agarre es firme. —Yo no soy… —intento explicarle un poco nerviosa, pero no me deja. Sus labios se sellan con los míos en un beso hambriento y excitante. Juega con mi clítoris con una destreza que me debilita; su toque es intenso, posesivo. El olor a whisky es penetrante y me doy cuenta de inmediato: está ebrio, perdido en su propia embriaguez. —Álvaro… —logro articular, agitada. Siento cómo suelta los botones de mi camisa y aprieta mi seno izquierdo con una necesidad que me quema. —No digas nada, te necesito —dice, acomodándome frente a él. Me mira fijamente y espero, con el corazón en la garganta, que se dé cuenta de que se equivoca, que no soy Tiffany. Pero me equivoco. Ataca mis labios con una ferocidad que me anula la voluntad. —Espera… —articulo entre jadeos, pero vuelve a la carga. No deja de tocarme mientras devora mi boca y baja hacia mi pecho. Se apodera de mi seno derecho, succionando la zona y arrancándome un gemido que no puedo contener, mientras me despoja de mi ropa. Todo sucede demasiado rápido. Me sube sobre el mesón de la cocina y comienza a besarme ahí abajo. Es tan intenso que no puedo detenerlo. Su lengua recorre desde mi intimidad hasta mis senos; los besa mientras me acaricia con el pulgar. Vuelve a mi boca, tomándola en un beso profundo y, de repente, lo siento: duro, grande, forzando mi entrada hasta invadirme por completo. —Joder… —gruñe, empujando su hombría con más fuerza dentro de mí. Lo abrazo temblorosa al sentir la presión y finalmente me dejo llevar. Me toma de los muslos y me carga hasta el sofá, donde me acomoda debajo de él. Se hunde por completo, sacándome un fuerte gemido que muere bajo sus embestidas. Termino de desvestirlo; cada roce de nuestros labios es una detonación eléctrica que me estremece. Sus manos me sujetan con fuerza, una en la mía y la otra apretando mi muslo derecho. No puedo contenerme. Me aferro a su espalda, mis manos aprietan su trasero mientras él ejecuta ese movimiento de caderas adictivo que me tiene ansiosa. Es mi primera vez y, tal como lo soñé hace tiempo, es a él a quien me entrego. Es puro placer. Me acomoda sobre él y empieza a devorarme. Elevo la cabeza, cierro los ojos y disfruto de cómo su boca viaja de mis senos a mi cuello, llegando hasta mi barbilla, la cual muerde ligeramente antes de volver a reclamar mis labios. Mis dedos se enredan en su cabello, sujetándolo contra mí. Lo beso con una intensidad que no puedo frenar; me muevo más rápido y escucho cómo sus jadeos aumentan. Entrelazo mi mano con la suya; ambos suspiramos ante la carga eléctrica de ese simple toque que me consume con frenesí. Cada caricia, cada roce de sus labios, cada beso, es como una tortura irreal para mí, está conexión es más fuerte de lo que esperaba, yo no puedo controlar mis deseos, mis sentimientos, por más que intentó, soy tan suya, que cada beso me quema, obligándome a cerrar los ojos, mi pecho se contrae por la presión, mi corazón martillea con tanta fuerza, con este sentimiento que nubla mi visión por las lágrimas ante este momento. —Te amo… —digo, rozando mis labios con los suyos. Es una liberación total de todo lo que siento. Él no me responde. Aprieta mis muslos, hundiéndose con fuerza una última vez mientras se descarga dentro de mí. Siento cada descarga, es increíble, cada chorro que expulsa me llena por completo, como yo a él, al sentir mi orgasmo. Él apoya su frente sobre mi pecho. Estamos sudados, exhaustos. Pienso que ha terminado, pero no espero que busque más; vuelve a hundirse en mí y los nervios me invaden porque sé que no me dejará escapar. Mi mirada se fija constantemente en la escalera. Sé que Tiffany se ha ido a dormir; roncaba cuando la dejé en la habitación. Por eso me atrevo a más, quiero saciarme, que él se sacie. Por lo que intento excesivamente que la segunda vez, sea más intensa que la primera. — ¡Mmm!— Chillo, mirándolo débil, debo morder mi labio inferior para no hacer demasiado ruido, pero es imposible, ya que el roce de su piel con la mía es cada vez más fuerte. — ¡Ah!— Jadea, mordiendo ligeramente mi clavícula. Siento su agarre en mi trasero y mis caderas más fuerte, me aprieta con una necesidad que me desarma. Es placer desbordado, no me permite silencio, toma mis labios en un beso con lengua que me descontrola. Lo siento por completo dentro de mí, me hace chillar, débil, tiemblo en sus brazos, siguiendo el ritmo de sus movimientos, hasta que finalmente, nos detenemos, temblando agitados y sudorosos ante nuestro orgasmo compartido. —Qué rico, mi amor… no quiero soltarte —me dice al oído, llegando a mis labios, me sujeta de la nuca y me besa, con intensidad. Le correspondo, pero de pronto el remordimiento me golpea. Las lágrimas recorren mis mejillas; lloro en silencio mientras acaricio su mejilla. Sus ojos deliran por el sueño y su ebriedad. Se apoya en mi pecho y no dudo en acariciar su cabello, apoyando su frente contra mis labios, lo beso en la zona, respirando agitada, sin saber qué hacer ahora. —Te quiero, Tiffany.—dice apenas audible, pero lo suficiente para que pueda escucharlo. Cierro los ojos al entrar de golpe en la realidad. Me aparto lentamente. —¿A dónde vas, mi amor? —pregunta él, adormilado. Me limpio las lágrimas con manos temblorosas mientras intento recoger su ropa para vestirlo. —Ayúdame, ¿sí? Ayúdame a vestirte. —No, quiero dormir… vamos a la cama, estoy cansado. — No, no a la cama no, aquí.— Declaró ansiosa. Él me hace caso, y se tumba en el sofá. Me levanto rápido y me visto. Busco mis cosas por la sala; no paro de temblar ni de llorar. Él la llama en sueños: “Ven aquí, Tif, quiero abrazarte”. Me termino de vestir y noto, con horror, manchas de sangre en mi mano, en su pecho y en su abdomen. Me pongo aún más tensa. Busco un paño de cocina y me apresuro a limpiarlo. Son casi las tres de la mañana, todos duermen. Solo nosotros estamos en el salón y mis nervios están a flor de piel. Logro limpiarlo y lo incito para llevarlo a la habitación de huéspedes; ahí lo acomodo y le pongo el bóxer. Recojo todo lo más silenciosa que puedo y solo cuando está profundo, me retiro, dejando un beso corto en sus labios. — Gracias por esta noche. Salgo limpiando me las lágrimas, me aseguro de que nadie esté despierto y contigo limpiando, el sofá, el mesón, con mis rastros de sangre, intento lavar pañito en el fregadero, con mis propias manos, mientras las lágrimas caen por mi rostro, me nublan la visión, aún así logro sacar la mancha, temblorosa, me inclinó en el suelo, no puedo dejar de temblar, lloro ansiosa, el remordimiento me invade. Cómo puedo, me levanto lentamente y camino ha mi habitación, en busca de mis pastillas para la ansiedad. ¿Qué he hecho? Demonios, Ashley, ¿qué has hecho? Estoy temblando. Paso horas sentada en el suelo tras la puerta, con la mirada distante y el corazón latiendo con una fuerza que duele. Los recuerdos de lo sucedido no me abandonan: cada beso, cada caricia, se sienten en mi piel como si estuvieran pasando ahora mismo. No logro reaccionar hasta que el sol alumbra mi rostro. Tengo las lágrimas secas en la cara y la vista nublada. Enfoco a la distancia el amanecer y tomo una decisión: debo irme. Tengo que salir de aquí; no puedo mirar a mi hermana a la cara después de lo que hice.Carol3 años despuésSeguimos escuchando atentos y fascinados al mismo tiempo lo que Klaus y Ximena nos están contando mientras están en altavoz, se les nota la alegría en su voz.—Me da mucho gusto, Ximena.—Es que no me lo creo, Carol —interviene Klaus un tanto desesperado —estuve con mi hija por horas enseñándole a decir papá y no conseguí nada, ahora resulta que la primera palabra de la niña es «mamá»Nick reúne todas sus fuerzas para no echarse a reír en ese momento, mantiene la vista al frente mientras sigue conduciendo.—Oh, maldito —habla al notar que Nick no comenta —¿Te estás aguantando las ganas de reírte? —se escucha como se acerca Ximena al celular —¡Eso, Nick! Ríete de Klaus porque le gané.Al final no lo contiene más y se echa a reír.—Es que, amigo no puedo creer que la primera palabra de tu hija haya sido mamá, creí que te esforzarías un poco más.—¡Lo intenté durante semanas! —se excusa.—Pues no fue suficiente —replica Xime.—Me alegro por ustedes, chicos —Nick no d
Carol Nos encontramos con Daniel quien nos entrega nuestros trajes y nos muestra la gran variedad de armas que tiene, todas disponibles para nosotros.—¿Qué hay de nuestros límites? —inquiero.—Esta vez no hay, Carol, escojan las armas que creen que serán necesarias para la misión.—No hay límites, perfecto —Nick va directo hacía un par de pistolas que acomoda en su pantalón.Ya teniendo el armamento correcto —y quizá más emocionados de lo habitual —bajamos con el resto del equipo y es Daniel quién da las indicaciones finales para los hombres que nos acompañarán.—Su objetivo es claro —mira a todos a su alrededor —acabar con Maximiliano Novikov, no importa a qué costo, al mando de la misión se quedará Nick Lancaster y Carol Green, la MOH no volverá a perder a manos del líder de la mafia rusa ¿Quedó claro?—Sí, señor —responden todos.—Las mismas personas que se marchan son las mismas que vuelven, esta vez no quiero ninguna baja. Buena suerte.Subimos y pone el auto en marcha, nos sum
NickEscuchamos un ruido en la parte de abajo e instantes después tres hombres entran para atacarnos, logramos detenerlos, incluso Carol acaba con la mujer que la iba a atacar.Al menos así ahora tenemos protección.—La salida está despejada, ven, Santi —el chico sujeta a Carol y bajamos con el resto.Es todos contra todos, parece una verdadera masacre.—¡Santiago! —Ximena sale de no sé dónde y corre para abrazarlo —mi vida, estás bien —lo examina para ver que no lo lastimaron y luego lo vuelve a abrazar con fuerza.—No hay tiempo que perder —me veo obligado a terminar con el bonito reencuentro.—Klaus —esta vez al menos Ximena se centra en su novio.Carol y yo sacamos a Santiago y veo mi camioneta estacionada afuera, jamás me había sentido más feliz en toda mi vida de ver a Mark.—Llévatelos —pido —a ambos.—Como ordene.—No me pienso ir y dejarte aquí —me detiene su voz cargada de enojo —¿Te has vuelto loco, Nick?—Intento protegerte, amor, no ayudarás con esa herida.Rasga su blusa
KlausAl final el maldito nos engañó, ninguna de las jeringas tenía Yex, solo lo dijo para conseguir información, todos terminamos envueltos en la misma simulación y con milagro salimos con vida de ella.Las cosas tan descabelladas por las que tuvimos que pasar seguro que nadie nos las creerá, pero lo logramos, seguimos con vida.Volvimos a abrir los ojos encontrándonos atados a las mismas sillas y en el mismo lugar, con la única diferencia de que Maximiliano no estaba solo esta vez, se reía de nosotros como si estuviéramos dándole un gran espectáculo.Me tensé en el momento en que la vi.—¿Ximena?—Esta belleza y yo llegamos a un acuerdo, quiso salir de todo el conflicto en el que la tenían metida.—¿De verdad esperaban que me quedara con personas tan patéticas como ustedes?Todos nos sorprendemos ante sus palabras, está sosteniendo el brazo de Novikov y a juzgar por su sonrisa, creo que se la está pasando muy bien con él.Un segundo ¿Nos está traicionando?—Ximena —advierte Nick —di
CarolFue hasta varias horas después que abrí los ojos, Nick, Klaus y yo nos encontrábamos amarrados a una silla, pero no era una soga común y corriente.—Buenas noches, bellos durmientes ¿Disfrutando la estancia?Con dificultad me adaptaba a la luz de la bodega.—Estoy seguro que vendrán por nosotros —interviene Klaus visiblemente molesto —la MOH vendrá por nosotros.—Yo no estaría tan seguro, además del ustedes dos ¿Quién más sabe que están aquí?Vi como Nick y Klaus intercambiaban miradas, asumo que no se lo dijeron a toda la organización porque querían resolver este problema a su manera, pues les ha fallado.Y sí que lo han jodido.—Además, olvidé mencionar, traje un pequeño invitado conmigo, seguro que quieren conocerlo.—Conocer a tus amigos nos importa un carajo, Novikov —espeto.—Oh, pero yo creo que este les agradará.—¡Bruno! Trae al chico —pide.De entre las sombras el tal Bruno sale y ante lo que vemos nos quedamos helados.El pequeño Santi viene amarrado de las manos y co
Nick—No le va a gustar esto —menciona Klaus detrás de mí —la has estado espiando.—Si se molesta o no es el menor de mis problemas ahora —aclaro mientras sigo revisando el holograma frente a mí —además, no te hagas el inocente que tú también le regalaste a Ximena un collar con un chip para rastrearla.—Era para casos de emergencia.—Creo que saber a dónde rayos se llevaron a Carol califica como emergencia en este momento.Imagino que el lugar en donde el maldito de Maximiliano la llevó debe ser cerrado, me está tomando más tiempo del que me gustaría encontrarla. Puse ese chip en el collar para asegurarme que la loca de Tanya no hiciera de las suyas de nuevo.—Lo tengo —me acerco más al holograma —parece una especie de bodega.—Espera, conozco el lugar, fue una misión hace más de dos años —hace una mueca que me asegura que nada de lo que diga ahora será bueno —bodega especial, dentro está un lugar que es donde se hacen simulaciones… son cómo las que tú viviste cuando estabas en Moscú.
Último capítulo