Mundo de ficçãoIniciar sessãoAddison Carter se enfrenta a un dilema cuando su editor le solicita que escriba una historia erótica. Debido a sus experiencias pasadas poco satisfactorias en el amor, ella se siente perdida y sin tener idea de cómo abordar este tipo de género. Su amiga Nina, quien también es su representante, le propone un viaje de chicas para que pueda relajarse y escribir el libro sin distracciones. Así es como Addison se dirige a pasar unos días al apartado hotel Opulent Haven, donde conocerá al enigmático dueño del lugar. Él es un hombre atractivo, rico y exitoso que sabe lo que quiere y que ha ganado el apodo de Mr. Sexo. A pesar de que Addison trata de no caer ante sus encantos debido a su arrogancia, poco a poco se dará cuenta de que Opulent Haven es mucho más que un simple hotel y por que todos lo llaman Mr. Sexo. Mientras escribe la historia erótica que le pidieron, descubrirá la sensualidad que se esconde en su propia vida. ¿Logrará resistir la tentación, o sucumbirá ante la seducción de Mr. Sexo?
Ler mais—¡¿Por qué ha tenido que salir a ti tu hija?! —me grita.Estoy a punto de escupir la cerveza.—¿A mí?—¡Sí, a ti! ¡Desafiante!Suelto una risotada. Debe de estar de broma.—Me temo que mi pequeña señorita es una copia exacta de tu querida hija. ¡Igual de rebelde!Ella resopla y empieza a farfullar, se alisa la blusa y se marcha hacia la cocina para ayudar a Addison. ¿Desafiante? Esa mujer no tiene ni idea de qué está hablando.Dejo a mi madre con Amalie y David y me acerco a nuestros amigos, que, como era de esperar, se han instalado cerca del bar.—¡Eh, Nick! —Lucas me da unos golpecitos en la espalda y Mark asiente mientras me agacho para que Samanta pueda darme un beso en la mejilla.—¿Qué tal están? —pregunto, y me dejo caer sobre una de las sillas—. ¿Dónde está Derek?Lucas se echa a reír y señala el castillo hinchable, donde Derek se ha colado entre todos los niños para buscar a su hija.—Se está asegurando de que Georgia regresa con su madre sin cortes ni moratones.—Y hablando
—No, papá.—Papi. ¿Y éste? —Le enseño una especie de prenda de tela de brocado hasta los tobillos de color limón, pero ella niega desafiante—. Maddie —suspiro—, no vas a ponerte eso.«Señor, dame fuerzas antes de que le retuerza su testaruda cabecita.»—Me pondré unos leotardos. —Salta de la cama y abre su cajonera rosa—. Éstos —diceSosteniendo una prenda de rayas horizontales.Inclino la cabeza y asiento ligeramente. Me parece aceptable.—¿Y qué hay de la camiseta?Ella mira hacia abajo y se acaricia la barriguita.—Me gusta ésta.—¿Y si compramos una de una talla más grande? —Estoy dialogando con ella. Saco una camiseta verde menta de manga repleta de corazones y se la muestro, todo sonriente—. Ésta me encanta. Venga, haz feliz a papi. —Le pongo morritos como un idiota desesperado y sé que su mente de cinco años también piensa que soy idiota.—Está bien —suspira pesadamente. Esto es ridículo. Ahora es ella la que me está dando el gusto a mí.—Buena chica. —La dejo sobre la cama—. A
—Te gustan todos los vestidos de mamá —suelta Jacob, cansado de oír siempre lo mismo y obligándome a apartar la vista de ese cuerpo que me gira loco de deseo.—Es verdad —admito, y le sacudo un poco la mata desaliñada de pelo rubio—. Hablando de vestidos, voy a buscar a tu hermana.—Vale —responde, y vuelve a centrar la atención en mi móvil y a hundir el dedo en el tarro.Me levanto y voy en busca de Maddie. Subo los escalones de dos en dos e irrumpo en la habitación infestada de rosa.—¿Dónde está mi cumpleañera?—¡Aquí! —chilla saliendo de su casita de juegos.Casi me quedo sin respiración.—¡No vas a llevar eso puesto, señorita!—¡Sí que lo voy a llevar! —Sale corriendo por la habitación al ver que empiezo a andar hacia ella.—¡Maddie!Pero ¿qué cojones? ¡Tiene cinco años! ¡Tan sólo cinco años y ya tengo que preocuparme de que no lleve pantalones sexys y camisetas extracortas! ¿Qué coño ha sido de ese vestido de volantes?—¡Mamá! —grita cuando la agarro del tobillo sobre la cama. P
—¡Papi!Me giro y mis fuertes músculos se derriten al ver a mi pequeño bajar la escalera corriendo, con el pelo oscuro enmarañado alrededor de su preciosa carita.—Hombre, cumpleañero. —Sus ojos oscuros brillan mientras se abalanza contra mí y repta por mi cuerpo.—Adivina qué —me dice con los ojos abiertos de emoción.—¿Qué? —No estoy fingiendo interés. Tengo auténtica curiosidad.—La abu Glory ha dicho que podemos dormir en su casa esta noche. ¡Nos va a llevar al zoo mañana!Intento ocultar el enfado e igualar su estado de emoción.—La abu Glory vive demasiado lejos, y a papá le gusta llevarte él mismo al zoo —digo, colocándomelo sobre los hombros y girándome hacia el espejo de nuevo—. ¿Has visto qué guapos somos?—Lo sé —responde como si nada, y me hace sonreír—. La abu y el abu viven a diez minutos. Lo he contado con el teléfono de mamá.Me recuerda rápidamente que mi querida suegra vive, efectivamente, a diez minutos de distancia. La belleza de Newquay no fue capaz de mantener a





Último capítulo