—¡Papi!
Me giro y mis fuertes músculos se derriten al ver a mi pequeño bajar la escalera corriendo, con el pelo oscuro enmarañado alrededor de su preciosa carita.
—Hombre, cumpleañero. —Sus ojos oscuros brillan mientras se abalanza contra mí y repta por mi cuerpo.
—Adivina qué —me dice con los ojos abiertos de emoción.
—¿Qué? —No estoy fingiendo interés. Tengo auténtica curiosidad.
—La abu Glory ha dicho que podemos dormir en su casa esta noche. ¡Nos va a llevar al zoo mañana!
Intento ocultar e