—No, papá.
—Papi. ¿Y éste? —Le enseño una especie de prenda de tela de brocado hasta los tobillos de color limón, pero ella niega desafiante—. Maddie —suspiro—, no vas a ponerte eso.
«Señor, dame fuerzas antes de que le retuerza su testaruda cabecita.»
—Me pondré unos leotardos. —Salta de la cama y abre su cajonera rosa—. Éstos —dice
Sosteniendo una prenda de rayas horizontales.
Inclino la cabeza y asiento ligeramente. Me parece aceptable.
—¿Y qué hay de la camiseta?
Ella mira hacia abajo y se