Mundo ficciónIniciar sesiónSara nunca imaginó que su primera vez en una iglesia sería vestida de novia… en lugar de su hermana. Obligada por sus padres a ocupar el lugar de la fugitiva Raquel, apenas logra distinguir el altar frente a ella, y mucho menos el destino cruel que la espera al lado de Renato Salles, un multimillonario traicionado el día de su boda.Renato no quiere amor. Quiere venganza. Y, para lograrlo, convertirá a la dulce y frágil Sara en moneda de cambio. Ella, miope e ingenua, pasa a vivir como su esposa… pero en secreto. Sin derecho a la libertad. Pero cuanto más Renato intenta odiarla, más se ve atrapado por la mujer que juró destruir. Y cuanto más Sara intenta huir, más descubre que está presa en los brazos del poderoso Renato. Venganza, obsesión, deseo y redención. ¿Hasta dónde puede llegar alguien por orgullo? ¿Y qué sucede cuando el amor surge donde no debería existir?
Leer más—Renato… ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, al notar que él se esforzaba por mantenerse en pie.Él intentó recomponerse, pero el equilibrio le fallaba.—Vine a pedirte perdón —dijo, con el habla ligeramente arrastrada. —Por lo de antes… no pude quedarme contigo.Sara frunció el ceño, acercándose.—Dios mío… mira cómo estás —murmuró, sujetándole el brazo para evitar que perdiera el equilibrio. —Apenas puedes mantenerte en pie. ¿Cómo lograste llegar hasta aquí solo?Soltando una risa baja, sin humor, él respondió:—Estoy mejor de lo que parezco…—No lo estás —replicó. —Entra.Sin esperar respuesta, pasó el brazo de él por encima de sus propios hombros y lo ayudó a entrar al apartamento, cerrando la puerta enseguida.Renato dejó que su cuerpo cediera un poco más de lo que debía.—No quería venir así… —murmuró, con dificultad. —Pero no pude irme a casa sin verte.Sara lo condujo hasta el sofá con cuidado.—Siéntate.Él obedeció, soltando el aire con pesadez al acomodarse. Por un instant
Cuando entró en el apartamento, lo primero que encontró fue la mirada confundida de Odete, que la observaba como si estuviera viendo algo fuera de lugar.—Vaya… ¿Ya volviste? —preguntó, frunciendo el ceño. —¿Dónde está Renato?Sara cerró la puerta detrás de sí, aún un poco perdida en sus propios pensamientos.—Se fue.—¿Se fue? —repitió Odete, sin ocultar la sorpresa. —¿Así… de la nada?Intentando parecer indiferente, Sara se encogió de hombros, pero no convenció en absoluto.—Dijo que tenía un compromiso.El silencio cayó por un instante y Odete la analizó con más atención.—Qué extraño… Debe haber sido algo muy importante para que marcara un compromiso justo el día de la consulta.Sara se quedó quieta por un segundo, pero luego soltó:—Algo importante… o más interesante.En ese momento, Odete se dio cuenta de que Sara estaba mucho más afectada de lo que quería demostrar.—No pienses así —dijo, con cuidado. —Sabes que Renato es un hombre muy ocupado.—Sí, lo es —respondió, levantando
A la mañana siguiente, mientras intentaba estudiar frente al ordenador, Sara no lograba concentrarse. Las palabras de Odete, dichas el día anterior, no salían de su cabeza. Se quedaban allí, repitiéndose a cada minuto, insistiendo en recordarle que aquello la incomodaba más de lo que le gustaría admitir.«Él te ama… pero no va a quedarse esperándote para siempre.»—¿Y qué…? —susurró, cerrando el portátil con un poco más de fuerza de la que pretendía.Se levantó del sofá, inquieta.—No me importa eso.Intentaba convencerse, como si, en cualquier momento, aquello fuera a convertirse en verdad. Pero no se convertía, porque solo la idea de no verlo más con frecuencia, de que él simplemente dejara de aparecer, de insistir y de intentar, la dejaba extrañamente incómoda.Caminando de un lado a otro por la sala, empezó a murmurar.—Esto es ridículo… —murmuró. —No debería estar lamentándome por esto, sino agradeciendo.—¿Estás hablando sola?Odete apareció en la sala, observándola con una mira
Ver a Renato hablar de esa manera dejó a Sara inquieta. Había algo en su tono que no lograba ignorar. Estaba demasiado frío y controlado, como si, en el fondo, aquella situación le trajera algún tipo de satisfacción.—Pareces feliz con esto… ¿no? —decidió preguntar, sin rodeos.Sorprendido, Renato arqueó levemente la ceja y la miró con más seriedad.—¿Por qué piensas eso?—Porque ahora debes sentirte vengado —respondió, directa. —Después de todo lo que esos dos te hicieron, apuesto a que, por dentro, debes estar celebrando.Su mirada se endureció de inmediato.—Estás poniendo en mí cosas que no existen.—Ah, Renato… —dijo ella, incrédula. —¿De verdad vas a decir que no sientes nada con esto?—Si fuera antes, hasta tendrías razón en lo que dices —respondió. —Pero para mí, esos dos ya no tienen ninguna importancia. Lo único que siento en este momento es satisfacción al saber que ambos tuvieron lo que merecían por lo que te hicieron.Hizo una pausa.—Alessandro nunca volverá a acercarse
Último capítulo