A la mañana siguiente, mientras intentaba estudiar frente al ordenador, Sara no lograba concentrarse. Las palabras de Odete, dichas el día anterior, no salían de su cabeza. Se quedaban allí, repitiéndose a cada minuto, insistiendo en recordarle que aquello la incomodaba más de lo que le gustaría admitir.
«Él te ama… pero no va a quedarse esperándote para siempre.»
—¿Y qué…? —susurró, cerrando el portátil con un poco más de fuerza de la que pretendía.
Se levantó del sofá, inquieta.
—No me import