Mundo ficciónIniciar sesiónSofía jamás había visto un cheque con tantos ceros, la suma era tan grande que no sabía cómo se pronunciaba. Levantó la mirada llorosa hacia la mujer que tenía delante, la madre del hombre que amaba y que pensaba sería su futura suegra. Le ofrecía una oferta simple con una única instrucción: «Aléjate de mi hijo». Después de recibir humillaciones y terminar con el corazón roto, Sofía decide seguir adelante con la escuela y con su embarazo. Pese a las exigencias de su madre porque aborte y su consecuente abandono al rehusarse, logra volverse una de las mejores médicos del hospital y tiene un par de mellizos adorables. En una jugada del destino, ese hombre mejor conocido como Adam Dupont, CEO de una empresa multimillonaria, llega a urgencias por culpa de un catastrófico accidente, pierde la movilidad de sus piernas y termina en manos de Sofía, dependiendo completamente de ella para poder volver a caminar. Sofía tendrá que decidir si es capaz de ayudarlo mientras descubre el motivo que los separó y el oscuro secreto que se esconde en el pasado sus padres y que volverá su amor por Adam algo prohibido. ¿Perdonará y podrá volver a amarlo? ¿Se aferrará al hombre que trastornó su vida o permitirá que alguien nuevo toque su corazón?
Leer másLa recepción se festejó en un enorme salón, como bien había dicho Eugenia, era una fiesta que no tenía límites, había ostentosidad por donde se volteara. Sofía bailó con Adam toda la noche, entre risas y besos furtivos. Eran una pareja feliz y con un brillante futuro. Enzo había reconocido a Sofía como su hija biológica, dejando su fortuna en sus manos y toda la herencia a su nombre y a nombre de sus nietos. Dejó que Adam continuara mandando en la empresa y se hiciera cargo por completo del negocio. Sabía que el futuro de las empresas Dupont estarían en buenas manos. En una de las mesas más cercanas a la pista de baile, Jimena disfrutaba de verlos bailar, hasta que de pronto se sintió atraída por voltear en otra dirección, como si su mirada estuviera magnetizada hacia la puerta de la entrada. Ahí vio a Bennet, con un traje negro que lo hacía ver elegante, pero también de luto. Su corazón se estrujó y no tenía ánimos de acercarse, pero sus pies la llevaron sin que pudiera ofrecer
Sofía se acomodaba el vestido frente al espejo, lo alisaba con las manos mientras la pequeña Clara la veía con asombro. El corazón de la pequeña iba a mil por hora, la ilusión de ver a su madre de blanco se apoderaba de su cabeza. —¿Te gusta? —preguntó Sofía viéndola por el reflejo del espejo. —Es muy bonito —dijo Clara llena de emoción. —¿Crees que le guste a tu papá? —preguntó modelando para su hija. —Tiene que amarlo. Después de todo no costó cinco centavos —dijo Eugenia entrando con la caja que guardaba los zapatos—. Las bodas de ricos son tan… —Tan… ¿qué? —preguntó Sofía con media sonrisa y ambas manos en la cintura. —Excesivas… —contestó Eugenia. —¡Son hermosas! Es un día especial y tienen el derecho de despilfarrar el dinero que quieran —dijo Jimena arrullando al pequeño Arno entre sus brazos. Tanto Jimena como Eugenia compartían un mismo modelo de vestido en color azul. Eran las damas de honor y mientras una lo disfrutaba con emoción, la otra se sentía ridícula.
Desconcertada, Sofia retrocedió con los pequeños, alejándolos de ahí. Llegó al auto aparcado a unos metros donde Enzo y Laura la esperaban. Abrieron las puertas y recibieron a los niños. El plan era que Sofía también entrara al auto y se fueran de ahí, pero esta se rehusaba a dejar a Adam solo. Cuando estaba dispuesta a regresar, la mano de Enzo la detuvo tomándola por la muñeca. —¿A dónde crees que vas? Es peligroso —dijo preocupado. —Voy con Adam —respondió Sofia sin quitarle la mirada de encima al hombre que amaba—. No pienso dejarlo solo en esto, no voy a irme de aquí y esperar que todo salga bien. En ese momento Laura entendió perfectamente lo que sentía su hija y tomando del hombro a Enzo, lo persuadió de soltarla. Ѻ —Hay que decirle que te cure. —Ezio se plantó frente a Pía y la tomó de la mano, buscando un poco de piedad.—No creo que quiera —respondió Pía acariciando los cabellos negros de Ezio.—¡Si va a querer! —añadió el pequeño haciendo sus ojos más grandes.—¡Sí! ¡Hay que decirle entre los tres! —dijo Clara emocionada y volteó hacia el pequeño Arno—. Bueno, entre los cuatro. ¿Verdad, hermanito? —le preguntó tomando su manita con ternura.Pía comenzó a llorar desconsolada, sus ojos se nublaron de lágrimas, sintiéndose miserable por lo que había hecho adem&aa64. Una última flama de vida.
Último capítulo