Me miraba con un aire curioso. Creo que se sorprendió al verme con esas gafas de lentes tan gruesas en el rostro. Aunque no decía nada, parecía más calmado; sin embargo, yo no lo conocía ni sabía qué podía estar pensando.
—¿Quieres ayuda? —preguntó, con la voz demasiado calmada.
Tragué saliva. No sabía qué responder. Era evidente que necesitaba ayuda… ¿Pero la suya? ¿Justo la de él? ¿Qué estaba planeando?
—Yo… yo cerré la puerta con llave —murmuré, intentando mantener la compostura.
—Sí, lo sé.