Cuando entró en el apartamento, lo primero que encontró fue la mirada confundida de Odete, que la observaba como si estuviera viendo algo fuera de lugar.
—Vaya… ¿Ya volviste? —preguntó, frunciendo el ceño. —¿Dónde está Renato?
Sara cerró la puerta detrás de sí, aún un poco perdida en sus propios pensamientos.
—Se fue.
—¿Se fue? —repitió Odete, sin ocultar la sorpresa. —¿Así… de la nada?
Intentando parecer indiferente, Sara se encogió de hombros, pero no convenció en absoluto.
—Dijo que tenía un