Cuando la última prenda se convirtió en cenizas, sonrió. Una sonrisa satisfecha, sombría… como si aquello fuera el punto culminante de su venganza.
—Mientras no encuentre a esa traidora… —murmuró, girándose lentamente hacia mí— me conformaré con descargar toda mi rabia en todo lo que me haga recordarla.
Esa frase me dio escalofríos.
—¿Y ahora… qué voy a ponerme? —pregunté, aún asustada por la amenaza.
—Pediré que te consigan algunas prendas —respondió con un tono demasiado casual—. Ya que, por