Sara Lemos
Cuando sentí los labios de aquel hombre tocar los míos en la iglesia, mi estómago se revolvió. Juro que por poco no vomité allí mismo. Nunca había besado a nadie antes… ¿Y justo el novio de mi hermana sería el primero? Lo único que quería en ese momento era desaparecer. Huir de allí. Y, por lo visto, él también, porque cuando me sacó a rastras de la iglesia, apenas tuve tiempo de reaccionar.
Mi única suerte fue que me sujetara de la mano. Si no lo hubiera hecho, habría tropezado en e