Mundo de ficçãoIniciar sessãoClara estaba a punto de casarse… hasta que descubre la traición de su novio. Con el corazón roto, comete un error con el hombre más frío y dominante que conoce: su jefe. Una noche que nunca debió pasar. Un embarazo que no debería ser posible. Una familia millonaria que exige un heredero. Ahora Clara está atrapada en un matrimonio por obligación con un hombre que lo controla todo… excepto los sentimientos que empiezan a destruirlo.
Ler maisTerminamos el desayuno y, después de revisar su reloj como si el tiempo también le perteneciera, Adrián se levantó de la mesa. —Su primer trabajo será en la playa —dijo simplemente. Se giró y comenzó a caminar hacia la salida del restaurante con la misma determinación con la que caminaba por los pasillos de la oficina: rápido, seguro y sin mirar atrás y como siempre… tuve que correr detrás de él. —¡Señor, espere! —murmuré mientras intentaba alcanzarlo, ajustando el paso para no quedarme atrás. En la oficina estaba acostumbrada a esa coreografía: él caminando como si tuviera un tren que alcanzar y yo siguiéndolo con una libreta, un teléfono o una agenda. Pero la oficina tenía alfombras. La playa… no. Pasamos junto a la enorme piscina del hotel, una extensión azul brillante rodeada de palmeras y tumbonas donde varias personas descansaban tranquilamente con cócteles en la mano.Me detuve un segundo al verla. Había planeado pasar al menos una tarde allí, leer un libro, nadar un po
Llegué al restaurante del hotel diez minutos antes, no porque fuera especialmente puntual sino porque estaba aterrada. Mientras caminaba desde mi habitación había repasado la conversación en mi cabeza al menos treinta veces, y en cada versión el resultado era básicamente el mismo: él me despedía, aunque el estilo variaba. A veces era educado, casi corporativamente amable; en otras era brutalmente directo. Pero en todas terminaba exactamente igual: yo desempleada.Cuando lo vi sentado en una mesa cerca de la terraza, con el desayuno ya servido y esa expresión perfectamente tranquila que siempre llevaba en la oficina, supe que el juicio estaba a punto de comenzar. Respiré hondo, reuní el poco valor que me quedaba y caminé hacia la mesa.—Buenos días, señor.—Vega —respondió, señalando la silla frente a él—. Siéntese.Me senté con la espalda demasiado recta.Adrián tomó un sorbo de café antes de hablar.—Creo que debemos aclarar algunas cosas sobre lo ocurrido anoche.Aquí viene.—En mi
Cerrar la puerta de mi habitación fue como activar el modo pánico. Apoyé la espalda contra la madera durante unos segundos, respirando hondo, intentando procesar lo que acababa de pasar al otro lado del pasillo. Me había acostado con mi jefe, el mismo hombre que apenas recordaba mi nombre correctamente y que ahora, muy probablemente, planeaba despedirme durante el desayuno. Perfecto. La vida realmente estaba superando todas mis expectativas últimamente. Caminé hasta la cama todavía envuelta en la bata del hotel y tomé mi teléfono. Cuando la pantalla se encendió, apareció una cantidad obscena de notificaciones que me hizo suspirar antes siquiera de revisarlas: diecisiete llamadas perdidas, todas provenientes exactamente del mismo lugar. Mis amigas. El comité oficial de crisis de mi vida. Sandra. Laura. Suspiré y abrí el chat grupal que teníamos las tres. Sandra: ¿SIGUES VIVA? Laura: Clara responde o voy a asumir que te secuestraron. Sandra: ¿O que ya sedujiste a algún pobr
No sé cuánto tiempo estuve mirando el techo.Solo sé que en algún momento Adrián se movió.Su brazo se retiró de mi cintura y sentí el colchón desplazarse cuando se incorporó. Mi cuerpo se quedó completamente inmóvil, como si cualquier movimiento pudiera empeorar una situación que ya era, objetivamente, terrible.Él se sentó en el borde de la cama.Se pasó una mano por el rostro con la lentitud de alguien que todavía está despertando.—Agua —murmuró con la voz áspera del sueño.Mi cerebro reaccionó antes que mi dignidad.—Sí.Salté de la cama por pura inercia profesional, pero en el mismo movimiento arrastré la sábana conmigo para cubrirme como si fuera una capa improvisada. Crucé la habitación hacia la mesa donde estaba la botella del minibar y llené un vaso con manos que intentaban no temblar.Cuando regresé y se lo extendí, fue entonces cuando lo notó.Sus ojos bajaron lentamente, primero a la sábana que yo había enrollado alrededor de mi cuerpo como un escudo improvisado, luego a
El vuelo fue incómodo.No por turbulencia.Por proximidad.Horas compartiendo reposabrazos, silencios tensos y miradas que yo fingía no notar mientras intentaba concentrarme en una revista que no estaba leyendo. Cuando aterrizamos, pensé que lo peor había pasado.Me equivoqué.No había taxis disponibles.Ni uno.La fila era absurda y el calor húmedo de Bali no ayudaba a mi dignidad post–boda fallida. Adrián observó la escena con la calma de quien está acostumbrado a resolver problemas, hizo una llamada breve y cinco minutos después un vehículo negro se detuvo frente a nosotros.—Compartiremos —dijo simplemente.No era una pregunta.Cuando fuimos a tomar las maletas, yo ya estaba lista para arrastrar la mía y demostrar independencia simbólica, pero él se adelantó y tomó ambas con facilidad.—No es necesario —dije automáticamente.Me miró apenas por encima del equipaje.—Aquí no es mi secretaria.Me quedé quieta un segundo.Porque en dos años trabajando para él, jamás había tenido un ge
Levantó la mirada con esa precisión suya que siempre parecía escanear personas como si fueran reportes financieros, y tardó apenas un segundo en reconocerme antes de arquear ligeramente una ceja.—Vega.No sonó sorprendido.Sonó evaluativo.Me acomodé el bolso en el regazo como si eso pudiera darme estabilidad emocional.—Señor.Su mirada bajó instintivamente a mi mano izquierda.Vacía.Volvió a mis ojos.—¿Su esposo no viaja con usted?Directo. Sin anestesia.Sonreí con esa sonrisa que ya se estaba convirtiendo en mi mecanismo oficial de defensa.—Se nos complicó la agenda —mentí con fluidez sorprendente—. Él… tuvo que quedarse.“Quedarse engañándome” no era necesario añadirlo.Asintió levemente, pero su expresión no indicaba que estuviera completamente convencido. Luego su mirada recorrió la cabina con cierto desagrado apenas disimulado.—¿Por qué no está en primera clase? —pregunté antes de poder detenerme, porque si él iba a interrogarme, yo también tenía derecho a curiosidad ejec
Último capítulo