Mundo ficciónIniciar sesiónValeria desapareció el mismo día que el amor de su vida dejó de creer en ella. Acusada de traición, señalada como una mujer ambiciosa capaz de vender los secretos de la empresa familiar de Lucas a compañías extranjeras, perdió no solo su reputación… sino también al hombre que juró amarla para siempre. Lo que nadie sabe es que detrás de aquella acusación se ocultaba una mente cruel y calculadora, dispuesta a destruirla para alcanzar el poder absoluto. Dos años después, Valeria regresa. Ya no es la joven ingenua que se enamoró perdidamente. Ahora es madre. Madre de un niño cuyos ojos reflejan exactamente la mirada del hombre que la condenó sin escucharla. Lucas jamás dejó de odiarla… o al menos eso cree. Porque cuando el pasado comienza a desmoronarse y las mentiras salen a la luz, deberá enfrentarse a la posibilidad de que la única mujer que llamó traidora fue, en realidad, la víctima. Mientras el verdadero culpable mueve sus piezas en las sombras, dispuesto a todo con tal de lograr su ambición, el orgullo, el deseo, la culpa y el amor volverán a enfrentarse. Al final, solo una verdad podrá cambiarlo todo. Pero cuando se revele… puede que ya sea demasiado tarde.
Leer másEl salón del Palacio Monteluce brillaba con candelabros dorados, cortinas de terciopelo y un murmullo constante de invitados vestidos de gala. Lucas Santoro caminaba entre la multitud con la seguridad habitual de un hombre acostumbrado a controlar todo a su alrededor: cada movimiento medido, cada gesto calculado. El traje negro a la medida y la corbata impecable solo reforzaban la imagen de CEO exitoso y orgulloso, alguien que rara vez se dejaba sorprender.
Pero esa noche, Lucas estaba a punto de recibir una sorpresa que sacudiría más que su ego. Del otro lado del salón, Valeria Herrera conversaba con un grupo de colegas, su vestido rojo intenso destacando entre la multitud. La sonrisa elegante no lograba ocultar la tensión en sus ojos, y cada palabra parecía medida, pensada para no dar pistas de lo que escondía. Y entonces apareció él: un niño pequeño de apenas dos años, con ojos grandes y curiosos, que se aferraba a la falda de Valeria. Su presencia parecía casi mágica, ajena al ruido del salón. Lucas lo vio desde el otro lado, y por un instante, todo lo demás desapareció: había algo en ese niño que le resultaba extrañamente familiar… pero todavía confuso, apenas un hilo de intuición. —Valeria. —Lucas avanzó con pasos decididos, intentando que su voz sonara casual—. No esperaba verte aquí. Ella lo miró con esa mezcla de firmeza y desafío que siempre lo desconcertaba. —Lucas. Qué… coincidencia. —Su tono era cortante, controlado, pero algo en su respiración delataba su tensión. Antes de que Lucas pudiera replicar, el niño dio un paso adelante y miró directamente a Lucas, con una sonrisa inocente. —¡Hola! —dijo el pequeño, con la voz clara y alegre. Lucas frunció el ceño, sorprendido. El gesto del niño despertó una chispa que no esperaba: su curiosidad se encendió, pero no había certeza. Era solo un niño… ¿pero por qué su corazón se había encogido de esa manera? —¿Quién es este niño? —preguntó Lucas, con la voz firme, tratando de mantener la compostura. Valeria colocó una mano protectora sobre el hombro del niño y lo miró con seriedad: —Es… alguien que me importa. —Su respuesta fue deliberadamente ambigua, y Lucas notó el resquicio de tensión que intentaba ocultar. Lucas entrecerró los ojos, observando cada gesto de Valeria. Su orgullo le decía que debía retirarse, que no podía dejar que el misterio lo consumiera tan pronto, pero otra parte de él no podía ignorar la sensación de que algo estaba profundamente conectado entre ellos. —Hmm… alguien que te importa. Interesante. —Su voz llevaba un matiz de intriga, entrelazado con cautela. En ese instante, Marcelo apareció a pocos metros, con esa sonrisa calculadora que siempre parecía leer los secretos de los demás. Sus ojos brillaban con malicia mientras observaba la interacción, disfrutando de la tensión palpable entre Lucas y Valeria. —Vaya… parece que la gala se pone interesante —dijo Marcelo, alzando una copa como si brindara por su propio entretenimiento—. Nunca me imaginé que esta noche podría ofrecer tanto drama. Lucas fijó su mirada en Marcelo, sintiendo una oleada de irritación. Sabía que su rival no solo buscaba oportunidades empresariales, sino que disfrutaba manipulando la vida de los demás para su propio placer. Marcelo era capaz de cualquier cosa para lograr lo que quería, y Lucas intuía que aquella noche no sería la excepción. Valeria apretó suavemente la mano del niño, como si tratara de transmitirle seguridad sin necesidad de palabras, mientras sus labios se comprimían en una línea de concentración y orgullo. Nadie debía saber demasiado. Nadie debía acercarse demasiado. Camila Herrera, hermana de Valeria, fue mencionada en un mensaje que Valeria revisó brevemente en su teléfono: “Si lo necesitas, ya sabes que estoy aquí”. Era un recordatorio silencioso de que Valeria no estaba sola, aunque su orgullo la obligara a mantener la distancia y manejar todo por sí misma. Lucas notó el gesto de Valeria con el teléfono y, aunque no entendía del todo, algo le decía que había una red de protección invisible alrededor de ella… y que había secretos que aún no podía descubrir. —¿Vamos a hablar en privado? —preguntó Lucas, en un tono bajo, mientras la música y las luces continuaban alrededor. Valeria dudó solo un instante, midiendo cuidadosamente cada palabra: —No… todavía. —Su voz era firme, pero su mirada delataba la preocupación de mantener algo oculto. Lucas frunció el ceño. El rechazo no lo detuvo; solo aumentó su determinación de descubrir qué estaba pasando. Mientras el niño lo miraba con esa sonrisa inocente, algo dentro de él se removió, despertando emociones que había creído bajo control. Marcelo se retiró un paso, complacido por la confusión que dejaba atrás, mientras Valeria abrazaba discretamente al niño, protegiéndolo. Lucas se quedó mirando, con la sensación de que la noche apenas comenzaba… y que los secretos que aún no conocía estaban a punto de cambiarlo todo.Valeria no pudo concentrarse en toda la mañana.El sobre seguía en su bolso.Como una amenaza silenciosa.Como un aviso.Alguien sabía.Y si alguien sabía… pronto todos podrían saber.Cuando el teléfono interno sonó, su corazón dio un salto.—El señor Ferrer quiere verla —anunció la secretaria.Lucas.No era una invitación.Era una citación.Valeria cerró los ojos un segundo ante de levantarse.Había esperado este momento durante tres años.Pero nunca dejó de temerlo.La oficina de Lucas parecía más fría que de costumbre.Él estaba de pie, junto a la ventana, con las manos en los bolsillos. No se giró cuando ella entró.—Cierra la puerta.Valeria obedeció.El sonido del clic fue demasiado definitivo.Lucas tardó unos segundos en hablar.—Necesito hacerte una pregunta. Y quiero que me respondas sin rodeos.Valeria sintió que el pulso le golpeaba en las sienes.—Depende de la pregunta.Lucas se giró finalmente. Sus ojos eran una mezcla peligrosa de control y tormenta.—¿Por qué renuncia
Lucas no durmió bien.Las fechas daban vueltas en su cabeza como piezas que se negaban a encajar del todo… pero tampoco podían ignorarse.Dos años, casi tres.Si el niño tenía dos años recién cumplidos…No. No saques conclusiones.Se levantó antes del amanecer y llegó a la oficina cuando el edificio aún estaba en silencio. Necesitaba revisar algo personalmente.Abrió el expediente digital de Valeria.Fecha de salida: dos años y 10 meses atrás.Renuncia repentina.Sin preaviso.Sin explicación formal.Lucas frunció el ceño.Recordaba perfectamente aquella noche. Recordaba la discusión, la acusación, el dolor en su mirada. Recordaba haberle dicho que no quería volver a verla jamás.Pero no recordaba haberle dado la oportunidad de explicarse.Cerró los ojos un segundo.Eso no significaba nada.No confundas culpa con hechos.Su teléfono vibró. Era el informe que había pedido.Fecha de nacimiento del niño.Lucas miró la pantalla.El ambiente se cargó, como si el aire mismo se espesara.Hiz
Lucas no volvió al jardín al día siguiente.Se obligó a no hacerlo.Se quedó en su oficina hasta tarde, revisando contratos que no necesitaban revisión, respondiendo correos que su asistente podía manejar. Cualquier cosa era mejor que admitir que había querido bajar.Que había querido verlo.Ridículo.Era solo un niño.Pero la imagen de esos ojos seguía regresando una y otra vez.Persistente.Exactamente como la duda que comenzaba a instalarse en su mente.Esa noche, sin saber muy bien por qué, abrió el calendario en su computadora. Retrocedió dos años.La fecha en que Valeria desapareció de su vida estaba marcada con una cicatriz invisible.Recordaba cada palabra de aquella discusión. Recordaba su mirada suplicante. Recordaba haberle dado la espalda convencido de que hacía lo correcto.Convencido de que ella lo había traicionado.Lucas cerró los ojos un segundo.Y entonces hizo un cálculo mental que no había hecho antes.Dos años.Volvió a abrir los ojos. Frunció el ceño.No.No podí
Lucas siempre había confiado en su instinto.En los negocios, esa capacidad de leer detalles invisibles lo había convertido en un hombre temido y respetado. Pero aquello no era una negociación. No era una inversión. No era una jugada estratégica.Era un niño.Y sus ojos.Lo vio nuevamente esa tarde desde el estacionamiento del edificio. La niñera lo había llevado al pequeño jardín lateral, donde algunos residentes solían sentarse. El niño estaba en el suelo, completamente concentrado en un automóvil rojo que hacía rodar por las baldosas, dibujando con la imaginación carreteras invisibles.Lucas no tenía intención de acercarse.Se lo repitió.No es asunto tuyo.Sin embargo, sus pasos traicionaron su razón.Se detuvo a pocos metros, observándolo sin decir palabra. El pequeño fruncía el ceño cuando el auto chocaba contra una grieta del piso, lo levantaba con cuidado y volvía a intentarlo.Persistente.Exactamente como él.El niño levantó la mirada.El impacto fue inmediato.No era solo e
El reloj marcaba las dos de la tarde cuando Valeria entró a su oficina. La tensión se podía cortar con un cuchillo. La filtración más reciente había dejado un rastro de rumores en la empresa, y la presión de Marcelo sobre ella parecía aumentar con cada minuto. Pero había algo más que la mantenía alerta: la mirada inquisitiva de Lucas.Él la esperaba junto a la ventana, los brazos cruzados y el ceño fruncido. Cada gesto de Valeria lo desafiaba, y cada vez que veía al niño a su lado, sentía una mezcla de ternura, confusión y un miedo inexplicable. Había algo que aún no comprendía completamente, pero su corazón y su instinto le gritaban que el pequeño era mucho más que un simple niño.—Valeria… —dijo Lucas, con una voz que combinaba suavidad y determinación—. Necesito respuestas.Valeria lo miró, su orgullo levantando un muro entre ellos, pero su corazón temblando ante la intensidad de la situación. Sabía que no podía ceder todavía, pero también sabía que Lucas merecía algo de la verdad,
La tarde había caído sobre la ciudad y la luz dorada del atardecer se filtraba por los ventanales de la oficina. Valeria estaba concentrada en revisar los últimos informes de la empresa, tratando de mantener la calma mientras Marcelo continuaba moviendo sus fichas desde las sombras. Cada correo, cada rumor, cada detalle manipulado era un recordatorio de que su enemigo no descansaba.El niño estaba cerca, jugando con un pequeño tren de madera que Valeria le había traído discretamente esa mañana. Lucas lo observaba desde la distancia, sintiendo cómo cada gesto del pequeño lo desarmaba emocionalmente. Era imposible no sentir algo profundo ante su inocencia, su ternura y esa conexión inexplicable que comenzaba a surgir.De repente, el niño tropezó con una silla y dejó caer uno de los vagones del tren. Sin pensarlo, Lucas se lanzó a recogerlo y lo levantó con cuidado, sosteniéndolo entre sus brazos.—Está bien… no te lastimaste —dijo, con voz suave— No pasa nada.El niño, sorprendido por l





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