Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mañana siguiente a la gala, la oficina de Valeria estaba en silencio. Solo se escuchaba el zumbido de los ventiladores del aire acondicionado y el ocasional clic de un teclado. Pero la tranquilidad era solo apariencia: Marcelo ya había comenzado a mover sus fichas.
Lucas Santoro, por su parte, no había podido dormir. La imagen del niño seguía atormentándolo: cada sonrisa, cada gesto, cada mirada lo obligaba a cuestionarse todo. ¿Por qué ese pequeño lo hacía sentir tan desconcertado? ¿Quién era realmente para Valeria? —No puedo dejar que esto quede así —murmuró, mientras revisaba fotos y contactos de la gala—. Necesito respuestas. Mientras tanto, Valeria recibía un correo de recursos humanos que le heló la sangre. Uno de los proyectos más importantes de su empresa había sido filtrado a una compañía extranjera, y los indicios apuntaban directamente a ella. Marcelo había actuado rápido, enviando pruebas falsificadas y manipulando registros para que pareciera que Valeria había traicionado la confianza de la empresa. —Esto… no puede estar pasando —susurró, con las manos temblando ligeramente—. Marcelo… siempre estás un paso adelante. Pero no estaba sola. Su teléfono vibró con un mensaje de su hermana Camila: "Valeria, sé que no quieres ayuda, pero esto puede ponerse muy feo. Mantén la calma, y no hagas nada sin mí. Estoy preparando todo para protegerte." Valeria respiró hondo, con el orgullo dándole fuerza para enfrentar la situación sola, pero el miedo no la abandonaba. Sabía que cada paso en falso podría darle a Marcelo la ventaja definitiva. Lucas, al enterarse del sabotaje de Marcelo a través de un contacto discreto, sintió una mezcla de indignación y preocupación. No podía permitir que alguien como Marcelo destruyera a Valeria, aunque todavía no comprendiera del todo la conexión entre ella y el niño que lo tenía tan intrigado. Decidió acercarse discretamente a Valeria, sin invadirla, buscando una excusa para ofrecer su ayuda. —Valeria —dijo, entrando en la oficina con pasos seguros—. Escuché lo del proyecto. No sé quién está detrás, pero… si necesitas apoyo, puedo ayudarte. Valeria levantó la mirada, sus ojos verdes fijos en Lucas. Su orgullo se mezclaba con una chispa de vulnerabilidad: —Lucas, gracias… pero no necesito que nadie arregle mis problemas. Puedo manejar esto sola. —Claro —respondió Lucas, con un dejo de molestia que apenas podía disimular—. Solo… quiero asegurarme de que estés bien. El niño apareció entonces, caminando despacio hacia ellos con pasos inseguros pero firmes. Lucas se agachó ligeramente, extendiendo la mano. El pequeño lo miró, vacilante al principio, y luego sonrió antes de tomar su mano. El gesto fue breve, pero suficiente para que Lucas sintiera un calor inesperado en el pecho. Valeria frunció el ceño, observando la interacción con una mezcla de orgullo y preocupación. No podía permitir que Lucas se acercara demasiado al niño; cada vínculo que se formara podía acercarlo peligrosamente a descubrir la verdad. Marcelo, desde su oficina, sonreía mientras revisaba los resultados de su manipulación. Cada correo falsificado, cada testimonio manipulado, cada rumor cuidadosamente sembrado funcionaba exactamente como esperaba: Valeria estaba aislada, vulnerable y bajo presión, mientras Lucas comenzaba a involucrarse más de lo que podía controlar. —Todo va según lo planeado —murmuró Marcelo, con la seguridad de quien cree tener el tablero completamente bajo control—. Solo es cuestión de tiempo. Camila, observando los movimientos de Marcelo desde la distancia, empezó a preparar estrategias para intervenir cuando fuera necesario. Sabía que Valeria no aceptaría ayuda directa todavía, así que debía moverse con cautela, protegiéndola sin romper su orgullo. Mientras Lucas regresaba a su oficina esa tarde, sus pensamientos giraban sin descanso: el niño, Valeria, los indicios de sabotaje… Todo formaba un rompecabezas que parecía imposible de resolver, pero no podía ignorar la sensación de que el misterio se volvería personal más pronto de lo que pensaba. Cuando Lucas revisó los correos filtrados que recibía sobre el proyecto, vio un mensaje extraño: “No confíes en nadie. Todo lo que crees saber es mentira.” Y debajo, un adjunto: una foto del niño mirándolo directamente, con una sonrisa inocente que escondía mucho más de lo que podía imaginar.






