Mundo ficciónIniciar sesiónLa ciudad brillaba bajo el sol de mediodía, y el vestíbulo de la sede de Monteluce estaba lleno de ejecutivos, asistentes y clientes importantes. Valeria caminaba con la elegancia que siempre la caracterizaba, pero su mente estaba en otra parte: cada paso, cada saludo, cada conversación la recordaba a la gala y al niño que todavía ocultaba del mundo.
Lucas, por supuesto, la seguía con la mirada desde el otro lado del vestíbulo. No había podido dejar de pensar en el pequeño desde que lo vio, y cada detalle que notaba aumentaba su obsesión. Algo en ese niño lo llamaba, lo desafiaba a descubrir la verdad. Y aunque aún no podía estar seguro de nada, sentía que cada gesto, cada sonrisa, cada reacción contenía pistas que estaban esperando ser descifradas. —Valeria, buen día —dijo Lucas al acercarse, con la cortesía habitual pero con una intensidad que no pasaba desapercibida—. Espero que todo marche bien con el proyecto Monteluce. —Lucas —respondió ella, sin perder la compostura—. Todo bajo control. Gracias. Pero antes de que pudiera continuar, Marcelo apareció con su típica sonrisa calculadora. Sus ojos brillaban con la satisfacción de quien sabe que está a punto de desatar el caos. —Vaya, qué coincidencia verlos juntos —dijo Marcelo, con un tono suave pero venenoso—. Qué pena que algunos rumores puedan enturbiar lo que parece un buen día. Valeria lo miró con frialdad. Sabía que su enemigo no iba a detenerse hasta lograr su objetivo, y su orgullo no le permitiría mostrar miedo. Sin embargo, la presión del sabotaje reciente todavía pesaba sobre ella. Lucas notó la tensión y frunció el ceño. Marcelo siempre encontraba la manera de manipular incluso las situaciones más simples, y ahora parecía listo para lanzar un ataque público que los obligara a todos a reaccionar. Fue entonces cuando un asistente pasó un mensaje urgente a Valeria: un cliente importante había recibido información confidencial alterada, haciendo que la reputación de Valeria estuviera en juego. Marcelo había conseguido que pareciera un error suyo. —No… esto no puede estar pasando —susurró Valeria, intentando mantener la calma mientras su mente trabajaba a mil por hora. Lucas, al ver el impacto en su rostro, sintió una mezcla de indignación y frustración. No podía permitir que Marcelo arruinara a Valeria, ni que pusiera en riesgo lo que empezaba a intuir sobre el niño. —Valeria, dime qué necesitas que haga —insistió Lucas, intentando mantener la voz tranquila aunque su interior ardía de determinación—. No voy a permitir que te ataquen así. Valeria lo miró, conflictuada. Su orgullo la empujaba a rechazar cualquier ayuda, pero la presión era demasiado fuerte. Un instante de duda cruzó su mirada antes de que la reemplazara una firmeza que solo ella podía proyectar. —Lucas, puedo manejarlo. Gracias, pero puedo —dijo con voz clara y decidida, ocultando el miedo que le provocaba la situación. El niño, que había estado cerca todo el tiempo, dio un paso adelante y tomó la mano de Valeria, como recordándole que su prioridad era protegerlo. Lucas lo observó con atención: cada gesto, cada mirada del pequeño parecía hablar un lenguaje que él apenas empezaba a entender. Valeria recordó el día que descubrió que estaba embarazada de Lucas. La alegría había sido intensa, pero también aterradora. Sabía que Marcelo podía usar cualquier información en su contra, y cuando comenzaron las amenazas, decidió desaparecer temporalmente, dejando atrás todo lo que conocía para proteger a su hijo. La memoria del miedo y la necesidad de proteger al niño la hizo apretar la mano de Lucas, aunque él todavía no comprendiera la razón. Marcelo, desde un rincón discreto, sonreía mientras observaba la escena. Cada gesto de Valeria, cada reacción de Lucas, cada mirada del niño era una pieza que él estaba dispuesto a manipular. Su objetivo era simple: sembrar desconfianza, generar caos y alejar a Lucas de la verdad, manteniéndolo atrapado en la confusión. Camila, vigilando desde fuera de la oficina, se aseguró de que ninguna acción de Marcelo afectara directamente al niño o a Valeria más allá de lo previsto. Sabía que su intervención directa podría chocar con el orgullo de Valeria, así que permanecía en silencio, lista para actuar en el momento exacto. Mientras la tensión crecía, Lucas recibió un mensaje anónimo en su teléfono: “No todo es lo que parece. Observa con cuidado, o lo perderás todo.” Justo al levantar la vista, vio al niño señalando algo detrás de Marcelo, como si quisiera decirle algo que él aún no podía comprender.






