La tarde caía con un cielo teñido de naranja sobre la ciudad, y la oficina de Monteluce parecía más silenciosa que nunca. Valeria revisaba unos informes finales, consciente de que cada decisión podía ser observada y utilizada en su contra. Su orgullo la mantenía firme, pero la sensación de vulnerabilidad no la abandonaba. Cada vez que miraba al niño, su corazón latía con fuerza: protegerlo era su prioridad absoluta, y Lucas, aunque aún desconocía la verdad, comenzaba a ser parte del riesgo.Lucas, por su parte, no podía dejar de pensar en aquel niño. Cada gesto, cada mirada, cada sonrisa lo atraía como un imán invisible. Sabía que había algo más, algo que no podía comprender del todo… pero no podía ignorarlo.Decidió intentar un acercamiento, más cuidadoso que antes.—Hola —dijo con suavidad, agachándose a la altura del pequeño—. ¿Cómo estás hoy?El niño lo observó, entre curioso y cauteloso. Por un momento, pareció dudar, y luego, como si algo en Lucas le resultara familiar, dio un p
Ler mais