El reloj marcaba las dos de la tarde cuando Valeria entró a su oficina. La tensión se podía cortar con un cuchillo. La filtración más reciente había dejado un rastro de rumores en la empresa, y la presión de Marcelo sobre ella parecía aumentar con cada minuto. Pero había algo más que la mantenía alerta: la mirada inquisitiva de Lucas.
Él la esperaba junto a la ventana, los brazos cruzados y el ceño fruncido. Cada gesto de Valeria lo desafiaba, y cada vez que veía al niño a su lado, sentía una m