Mundo ficciónIniciar sesiónAriana Soler lo tiene todo: belleza hipnotizante, éxito profesional como la dueña de la prestigiosa firma de cosmética Noir Éternel, y una vida aparentemente perfecta. Pero detrás de su seguridad férrea y sus ojos azul profundo se esconde una herida imposible de cerrar: la misteriosa desaparición de su madre cuando apenas era una niña. Un hecho que marcó su existencia y que aún la persigue con la fuerza de un susurro en la oscuridad. Aarón Montero, un empresario poderoso y obsesionado con el control, lleva años siguiendo los pasos de Ariana desde la distancia. Para él, ella no es solo una pieza clave en una alianza estratégica… es la única mujer que ha logrado desestabilizar su mundo. Fascinado hasta la obsesión, decide que la única forma de tenerla cerca es con una propuesta que nadie esperaría: un matrimonio por conveniencia. Lo que ninguno imagina es que el amor, la ambición y la oscuridad del pasado comenzarán a entrelazarse de forma peligrosa. Porque entre secretos familiares, traiciones escondidas, amantes prohibidos y pasiones desbordadas, tanto Ariana como Aarón descubrirán que sus promesas pueden no ser suficientes para mantenerse a salvo… ni del uno ni del otro.
Leer másEl silencio en mi habitación era espeso, casi sólido, como si las paredes hubiesen absorbido todo el ruido del mundo y me lo devolvieran en forma de angustia. Había intentado dormir, pero el insomnio me estrujaba con la misma fuerza con la que lo hacían mis pensamientos. Me levanté, descalza, y caminé hacia la ventana. La ciudad dormía allá afuera, pero yo no podía darme ese lujo. No cuando tenía que fingir durante el día que todo iba bien.Michael no me había escrito. No desde hacía más de veinticuatro horas, y aunque sabía que nuestra relación estaba colgada de un hilo que no podía exhibirse, su silencio me hería más de lo que me gustaba admitir. Me preguntaba si él también sentía culpa. Si también pensaba en mí cuando cerraba los ojos. O si acaso su silencio era su forma de decir que esto había llegado al final.Encendí mi móvil. Ni un solo mensaje. Nada de él. Tampoco de Aarón. Aunque ese era otro asunto. Desde aquella noche en que me besó y luego fingió que no había ocurrido nada
ArianaMe senté frente al ventanal de mi apartamento, con las luces apagadas y una taza de té frío entre las manos. Afuera, la ciudad seguía latiendo como si no supiera que dentro de mí algo se estaba rompiendo. El rostro de Aarón seguía viniendo a mi mente como un eco, pero no era eso lo que me tenía insomne esa noche. Era lo que había descubierto Lucas.—No te va a gustar lo que tengo que decirte —me había advertido por teléfono, y su tono fue suficiente para erizarme la piel.Ahora tenía frente a mí los informes. La carpeta estaba abierta en la mesa del comedor, como si esperara que yo la asimilara con más calma. No podía. Fabio Santino había salido del psiquiátrico poco después de haber ingresado, y aunque su rastro se había diluido por años, Lucas lo había ubicado en una clínica privada hace menos de seis meses. Lo inquietante era la proximidad. Su ubicación actual quedaba a solo cuarenta minutos de la ciudad.Me levanté y me acerqué a la car
ArianaNo dormí esa noche. No por completo. Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes del rostro de Aarón me invadían, esa mirada intensa, la manera en la que se quedó parado en el umbral de mi casa, como si estuviera viendo un fantasma. O como si, por fin, hubiese encontrado lo que llevaba tanto tiempo buscando.El amanecer me encontró sentada en la sala, con una taza de té frío entre las manos. Isadora no tardó en aparecer, con el ceño fruncido y una manta que me arropó sin decir palabra. Se sentó frente a mí. Sabía que yo no iba a hablar todavía, pero también sabía que cuando lo hiciera, lo contaría todo.—Lucas viene en camino —dijo al fin, con voz suave—. Me llamó esta mañana. Dijo que tiene algo.Asentí, sin dejar de mirar la ventana. Las calles ya comenzaban a llenarse de ruido, pero dentro de mí todo estaba en pausa. Sentía que algo se avecinaba, como si una puerta invisible estuviera a punto de abrirse. Y, al otro lado, esperaba la verd
Ariana Desperté sobresaltada. Mi corazón palpitaba con fuerza, como si algo en mis sueños hubiese intentado advertirme de una amenaza latente, una sombra que avanzaba lentamente, sin prisa pero con precisión. Me incorporé de golpe y busqué a tientas mi teléfono en la mesita de noche. Eran las 6:07 a.m.Había dormido apenas unas horas. La conversación con Lucas Martini del día anterior me había dejado inquieta, especialmente la nueva conexión entre Gregorio Lanza y Fabio Santino. ¿Cómo era posible que ambos hubiesen coincidido en el psiquiátrico en 2002 y, además, tuviesen relación con mi madre? Era como si todo el rompecabezas estuviese a punto de encajar, pero faltara aún una pieza crucial.Me levanté, me envolví en una bata de satén y caminé descalza hasta la cocina. Necesitaba café y respuestas.—Buenos días, señorita Ariana —dijo Olivia al verme entrar, más despierta de lo que yo podía soportar a esa hora.—¿Desde cuándo estás despierta?<





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