Mundo ficciónIniciar sesiónAriana Soler
La ciudad había perdido todo color. Incluso el cielo, normalmente tibio y apacible a esa hora de la tarde, había adquirido un matiz gris, opaco, como si se solidarizara con el temblor que aún me recorría el cuerpo.Regresé a casa sin saber cómo. Las calles eran un borrón de luces y bocinas. Me senté en el suelo del salón, sin energía para alcanzar el sofá, con el expediente entre mis manos. El mismo documento que confirmaba que durante años, mi madre había sido






