Mundo de ficçãoIniciar sessãoNo dormí bien. Tenía el cuerpo rendido pero la mente me iba a mil por hora. El rostro de Aarón Montero regresaba a mi cabeza como una sombra testaruda que no entendía de lógica ni conveniencia. ¡Maldita sea! Había algo en él, algo que rozaba lo inaceptable, lo peligroso... y sin embargo, me jalaba como un imán.
Me revolvía en la cama, enredada entre las sábanas de lino blanco, mientras mis pensamientos saltaban entre los cuadros de la galería, su mirada cálida pero contenida, y ese r






