Mundo ficciónIniciar sesiónUna jaula de oro, un matrimonio cruel y el regreso de un fantasma del pasado. Cassia Vance conocía muy bien las reglas: ser una esposa obediente, una buena y abnegada futura madre y una mujer sacrificada por la reputación de su apellido. Obligada a casarse con Adrik Gavrilov, Cassia sacrificó el amor por el deber, dejando atrás a Donovan, su mejor amigo, el único hombre que le ofreció una salida. Creyó que podría soportar un matrimonio frío, que el peso de su apellido la haría fuerte y que todos esos sacrificios valdrían la pena si su madre se sentía orgullosa de ella. Jamás imaginó que se convertiría en la presa de un hombre despiadado, alguien que no solo disfrutaba su sufrimiento, sino que lo exhibía como una prueba de su poder. Cuando por fin logra escapar, se aferra a la única oportunidad de reconstruirse lejos de los fantasmas de su pasado. Una nueva vida, una identidad silenciosa y un temor siempre presente. Pero el destino no la deja respirar. En su primer día como secretaria de una influyente empresa de arquitectura, Cassia se encuentra con Donovan Gavrilov, el mejor amigo que alguna vez le pidió que huyera con él. El amante de una sola noche. Y el hombre que nunca dejó de pensar en ella. Él no conocía la verdad. Los secretos que Cassia llevaba en la piel. Las marcas invisibles de un pasado que aún la acechaba. Para Cassia, estar allí significaba enfrentar el secreto que la había consumido en silencio: el peligro de Adrik seguía acechándola. Y mientras la pasión enterrada entre ellos amenazaba con resurgir, Cassia deberá decidir si esta vez romperá las reglas… o si el pasado, las mentiras y los secretos los consumirán antes de que puedan escapar.
Leer más[Meses después...]La mansión de Jazmin Gavrilov, antes un escenario de tensiones, diferencias, rencores y miradas frías, resonaba con un sonido que parecía haberse olvidado; las risas genuinas.En otro tiempo, esto hubiera sido casi imposible de conseguir.Donovan sostenía mi mano bajo la mesa, sus dedos entrelazados con los míos, a veces tensos, a veces más relajados. Había sido un arduo trabajo conseguir que aceptara venir a esta cena, pero Karina me había suplicado y, francamente, creo que ya era hora de que nosotros también diéramos un paso al frente.Aunque no fue fácil.—No podemos seguir alimentándonos del rencor, Van —le había dicho, acariciando su mejilla. Él, por supuesto, refunfuñó porque sabía que era una lucha que iba a perder—. No es sano, y tenemos que intentar superar todo lo que pasó. Por nosotros... por nuestros bebés. Un paso a la vez, con límites claros esta vez. Tu abuela ya sabe que no puede dar un paso en falso o eso será todo. Además, en todo este tiempo ha qu
Un día a la vez, Cassia... No te agobies... No pienses.No sientas culpa.Ahora eres libre.El tiempo en el hospital se había convertido en un pasar de días borrosos. Días y noches en los que apenas veía la luz del sol, solo el cegador color blanco de las paredes, el incesante sonido de los monitores, y el dolor que a veces llegaba de golpe a mi cuerpo.Los primeros días fueron los más difíciles.De verdad.Tal y como los doctores le habían advertido a Donovan, mi salud mental había sido la más afectada. Los ataques de pánico llegaban sin previo aviso, a veces provocados por una pequeña sombra o cualquier ruido cerca de donde estaba. Incluso el simple hecho de que una enfermera se me acercara demasiado rápido.Cada uno de ellos activaba de inmediato aquel frío que me paralizaba, y luego los recuerdos; el cuchillo en mi mano, los ojos sin vida de Adrik.Era horrible.Pero no tanto como las pesadillas nocturnas. Esas no me dejaban dormir después, tanto que hasta me daba miedo cerrar los
[Donovan]Me hicieron esperar un momento más, ya que pasarían a Cassia a una habitación privada por cuestiones de seguridad, pero cuando finalmente pude abrir la puerta, mi corazón comenzó a latir con fuerza.La luz de la habitación era tenue. Cassia estaba recostada en la cama, vendada y conectada a un suero intravenoso que no sabía bien para qué era.No estaba dormida, no aún. Sus ojos, enormes pero ahora vacíos, estaban fijos en sus manos, moviéndolas y mirando cada ángulo. Las habían limpiado; ya no había rastro de la sangre de Adrik, pero estaba completamente seguro de que ella seguía viéndola.En su mente.Ay, amor... Quisiera borrar ese horrible recuerdo de tu mente.Me acerqué lentamente; cada paso se sentía como una agonía. No quería que ella me rechazara, aunque si lo hacía, el sentimiento era completamente válido.Fui un asco de esposo. No pude protegerla. No merezco estar con alguien como ella.—Cass... —la llamé en voz baja, sentándome en el borde de la cama, tratando de
[Donovan]La imagen había quedado grabada a fuego vivo en mi mente. Un perturbador cuadro de horror que sabía me perseguiría hasta el final de mis días, pero no por la escena en sí, sino por el estado de mi esposa.Cuando finalmente logramos dar con la ubicación de Cassia gracias a la policía y a la llamada que jamás se cortó, encontramos la propiedad donde Adrik la había retenido. Una vieja casa de la familia... de mi bisabuelo, para ser exacto.Ni siquiera se me había pasado por la mente revisar esa propiedad; decir que recordaba que existía sería mentir. Pero ya veía por qué Adrik había escogido ese escondite.Para él había sido el lugar perfecto.Cuando entramos y logramos dar con el paradero de Cassia, no pude evitar paralizarme en medio de esa horrible cocina.Mi mundo se oscureció de pronto, enfocando solo dos figuras frente a mí; Adrik, tendido en un charco oscuro y creciente, y Cassia, un par de metros más allá, encogida sobre sí misma. Ni siquiera se movía; era como si no hu
El tiempo se paralizó y mi mente comenzó a trabajar más rápido que de costumbre. La idea se coló en ella y se negó a irse. No había otra opción, no si quería salir viva de aquí.No si quería que mis bebés nacieran.Mi mano se enroscó con nerviosismo alrededor del mango.—Nadie va a rescatarte, esposa —murmuró Adrik. Algo en sus ojos cambió; ya no había odio, sino un triunfo absoluto y retorcido. Eso me hizo temblar—. Ya deja de esperarlo... Él nunca te mereció. Solo yo supe qué hacer contigo... ¡Solo yo supe cómo domarte, maldita perra!El bate se alzó en su acto final y mis ojos lo siguieron. Era el golpe definitivo, lo sabía.Esa sonrisa desquiciada que le contraía los labios me lo confirmaba. Adrik iba a destrozarme el cráneo.Y en ese instante, algo dentro de mí hizo clic. No fue el miedo, sino la certeza de que o yo moría, o él lo hacía. No había otra opción.No había otro maldito plan.Y no pensaba morir en esta maldita casa abandonada.Con un grito lleno de terror y liberación
El bate cayó con una fuerza sobrenatural. Su sonido asesino pasó a centímetros de mi cabeza y se estrelló contra la pared más cercana.El impacto retumbó en mis huesos. Grité, sí, pero no me encogí. Tampoco me congelé. Mis piernas, alimentadas por un instinto animal de supervivencia, anularon cualquier pensamiento coherente y me hicieron empujar a Adrik con fuerza hacia atrás.Apenas se movió unos centímetros, pero fue suficiente para darme el espacio necesario y correr lejos de él, en dirección contraria.Una risa divertida y macabra resonó en su pecho, pero no me detuve. Simplemente seguí corriendo.—¡Eso es, corre, Cassia! ¡Corre! —rugió, su voz era una mezcla de rabia y deleite personal—. Siempre es más divertido cazarte un buen rato.Maldito.Seguí avanzando, mis pies descalzos golpeando la madera fría y sucia. No tenía idea de a dónde ir. Solo necesitaba encontrar un lugar donde pudiera esconderme, al menos mientras pensaba qué hacer.Pero al no conocer este lugar, todo se me di
Último capítulo