Lo único que veía a mí alrededor era un laberinto interminable. Los pasillos eran estrechos y tan oscuros que apenas podía ver algo, con paredes que parecían cerrarse con cada paso que daba, intentando aplastarme.
Tic. Tac. Tic. Tac.
Corría a toda velocidad, sintiendo que el corazón estaba a punto de salirse por mi boca. La desesperación me consumía por dentro.
No te detengas, Cassia...
Era un sentimiento extraño de que algo me perseguía, algo inmenso, una sombra que nunca me tocaba, pero que e