Después de una larga y agotadora travesía, en la que tuvimos que cambiar de taxi varias veces para lograr despistar a mi esposo, nos detuvimos frente a una especie de área rural. La mujer, quien se había mantenido inmersa en su teléfono, no había dicho ni una sola palabra, solo que nos llevara al centro de reposo "Mujer Feliz".
Al parecer, ya habíamos llegado.
Después de que le pagó al taxista, con cuidado me ayudó a bajar del auto y dimos un par de pasos más cerca de aquel viejo edificio. Si