Mundo ficciónIniciar sesiónQuinn Revain lleva una vida sencilla: universidad, trabajo y hogar. Nunca imaginó que una sola noche bastaría para convertir su rutina en una pesadilla. Un desconocido irrumpe en su casa, la persigue hasta su habitación y, antes de desaparecer, deja una advertencia imposible de ignorar: ahora le pertenece. Desde entonces, las rosas aparecen cada mañana en su puerta, las noches dejan de ser seguras y el miedo se convierte en su única compañía. Él siempre encuentra la forma de entrar. Siempre sabe dónde está. Conoce a su familia, sus horarios y hasta sus pensamientos más íntimos. Nadie parece capaz de detenerlo, porque el nombre de Alexis Di Marco despierta un silencio aterrador incluso entre la policía. Pero Alexis no es un simple acosador. Es un hombre tan poderoso como despiadado, un líder de la mafia acostumbrado a conseguir todo lo que desea. Obsesionado con Quinn desde hace mucho tiempo, está convencido de que ella nació para convertirse en suya, aunque tenga que destruir todo lo que la rodea para demostrarlo. Mientras Quinn lucha por conservar su libertad y la cordura, un misterioso hombre aparece en su vida ofreciéndole una inesperada sensación de seguridad. Sin embargo, acercarse a él podría desencadenar una guerra contra el hombre más peligroso de la ciudad. Entre la obsesión, el miedo y una atracción tan prohibida como inevitable, Quinn descubrirá que escapar de Alexis Di Marco podría ser mucho más difícil que resistirse a él... porque algunos monstruos no necesitan cadenas para convertirte en su prisionera.
Leer másCorro por toda mi casa tratando de huir de aquel hombre, mi corazón martillea con fiereza contra mi pecho, cada vez que tomo aire, siento que mis pulmones me arden, mi mente está hecha un caos y por más que trato de aclararme, no puedo, estoy tan aterrada que mi cuerpo no deja de temblar y más cuando escucho sus fuertes pisadas resonando por todas partes.
Llego hasta el comedor y lo atravieso como si fuera un alma en pena, mientras corro por el lugar, tiro las sillas a mi paso para tratar de obstaculizarle el paso y espero que esto me dé tiempo para poder escapar. De forma breve, miro por encima de mi hombro y veo como esos ojos negros se posan en mí con intensidad haciendo que me ponga peor.
Giro la esquina lo más rápido que puedo, mi pecho sube y baja con desesperación, a la distancia veo las escaleras que van al segundo piso, en ese momento, recuerdo que tengo mi celular en mi cuarto ya que se me olvidó llevarlo cuando fui al trabajo, así que sin dudarlo ni un segundo me voy escaleras arriba, trato de no tropezarme en el camino.
Cuando llego al último escalón, siento un gran alivio, pero todo eso se esfuma en un suspiro cuando escucho los pasos del hombre provenientes de la planta de abajo, cuando creía que la situación no podía ponerse peor él grita como si fuera una bestia ardiendo en cólera, rápidamente giro mi cabeza en dirección a mi cuarto y por inercia mi cuerpo lo hace, mis piernas no tardan en reaccionar y corro hacia allá.
Apenas abro la puerta de mi cuarto, cierro de un fuerte portazo y me giro sobre mis talones, con la mirada busco mi teléfono y cuando lo veo me tiro sobre él, tengo las palmas de las manos tan sudadas que apenas puedo desbloquear mi celular, las cosas se ponen peor cuando escucho que él llega al último escalón, lentamente me dirijo hacia mi armario y me meto con cuidado, escondiéndome en una de la esquina. Seco mis manos con mi ropa y bajo el brillo del celular al igual que el timbre. Reviso mis contactos y llamo a la policía, pego la bocina a mi oído y espero a que alguien conteste, en voz baja me pongo a rezarle a Dios.
Algunas lágrimas caen por mis mejillas, ahora que estoy aquí encerrada, una pregunta me atormenta ¿Qué le hice a ese hombre para que me haga esto? No le he hecho nada a nadie ni tampoco me meto con otras personas, mi vida es la escuela, el trabajo y mi casa, nada más, incluso mi lista de amigos es bastante limitada y casi no salgo de mi casa. Tomo grandes bocanadas de aire y poco a poco empiezo a tranquilizarme, el tono de llamada sigue sonando, nadie me contesta y esto hace que pierda un poco el control, pero sé que debo mantenerme serena, no debo dejar que este hombre me encuentre.
El oficial y yo nos miramos a los ojos de forma retadora, incluso le he sonreído de forma arrogante, esperando a que me diga algo, es obvio que al maldito anciano le molesta mi actitud y me dice que debo enseñarle mi permiso de conducir.—Claro que si oficial.Busqué en la guantera mi licencia y después se la entregué, revisa mis documentos y así como se los entregué me los devolvió, se disculpó conmigo diciendo que no me había reconocido, que este incidente no se iba a repetir, escuchar sus desvaríos de disculpas me harta, tengo prisa.Le dije que no había ningún problema, al menos no ahora, pero que a la próxima le iba a meter un tiro entre ceja y ceja, se lo dije en un tono bastante serio y él se puso rígido, como una estatua, luego me reí de forma estruendosa haciendo que él se ría con nerviosismo. Una vez que me deja ir, vuelvo a arrancar mi auto y seguí avanzando hasta llegar a mi casa.Camino por la espaciosa y enorme sala, hay una fuente que separa la entrada principal con la
Veo como los que quedaron empiezan a preparar las cosas, mientras yo me siento en una silla de madera que estaba ahí en una esquina, observando con detenimiento todo lo que ocurre. No pasa mucho cuando me traen mis tijeras, La negra conecta un cable a la parte intermedia de estas y poco a poco empiezan a ponerse rojas.Cuando están listas, hago un ligero movimiento de cabeza y mis hombres enseguida se abalanzan contra el hombre, que este se pone a forcejear de forma inútil, “La negra” le baja los pantalones junto con los calzoncillos, otro de mis hombres desconecta las tijeras y me las entrega. Mientras camino en su dirección puedo ver la expresión en su rostro, se está cagando de miedo. Pongo mis tijeras frente a mí y las abro de par en par, me acerco a él y sin pensarlo ni un segundo, las cierro con fuerza, haciendo que el idiota empiece a revolcarse de dolor, el olor a carne quemada inunda el lugar, es asqueroso.Luego el que me dio mis tijeras agarra las bolas del suelo y me las e
Recargo mi espalda contra mi asiento y sigo hablando con la mujer que se hace pasar por mi Quinn, me dice que le gustaría conocerme más y que si quiero, podemos salir a tomar algo, honestamente no confío en ella y tampoco necesito hacerlo ya que solo quiere tener sexo de una noche y yo también lo necesito, después de haber probado los jugos de Quinn, no puedo dejar de pensar en ella.Tomo una gran bocanada de aire y la dejo salir con suavidad, luego pongo mi mano derecha sobre mi polla y la aprieto con algo de fuerza, la tengo bien dura y me siento incómodo. Al final termino por concretar una cita con esta mujer para mañana en la noche en el bar local.Estoy por salir del estacionamiento cuando recibo una llamada de La negra, contesto y pego la bocina a mi oído, me dice que ya tienen al cabrón y que me esperan en el lugar de siempre, resoplé con fuerza, colgué la llamada y me fui a verlo, la verdad es que quería irme a mi casa a dormir un rato ya que estaré en vela gran parte de la no
Mientras estoy mandando mensajes alguien toca el claxon, saco la mano y le hago una señal de que siga avanzando, pero el tipo de atrás sigue pitando con desesperación. Irritado, miro por el espejo retrovisor y veo que uno de esos pendejos que les gusta joder a otros, todavía con la mirada puesta sobre el retrovisor, vuelvo a sacar la mano y le hago la señal de que avance, pero una vez más vuelve a tocar el claxon.Estando hasta el culo de este cabrón, salgo de mi auto y me dirijo hacia él, al verme caminar en su dirección, también sale de su auto y si bien es cierto que es más alto que yo, le enseño el arma escondida en mi cintura y sin dudarlo ni un segundo la saco y disparo varias veces al suelo, luego le obligo a arrodillarse y le apunto a la cabeza.—Mira hijo de puta— Pongo mi rostro a su altura, ahora el cabrón no se atreve a mirarme. — Voy a dejarlo pasar por esta ocasión porque estoy de un excelente humor, pero te juro por tu puta madre, que, si vuelves a joderme, no solo te v
Último capítulo