Mundo ficciónIniciar sesiónDiez años de matrimonio, dos hijos hermosos y una vida que parecía perfecta en Santo Domingo. Valeria Montenegro lo tenía todo… hasta la noche en que un mensaje anónimo apareció en el teléfono de su esposo: “Ella ha vuelto. Y esta vez no se irá sin destruir todo lo que amas… ni siquiera a tus hijos.” El mundo de Valeria se derrumba. El hombre con quien comparte cama, risas y sueños ahora guarda un secreto oscuro del pasado. Cada mirada de Diego se vuelve sospechosa, cada caricia esconde una posible traición y el miedo por Mateo y Emma la consume. Decidida a proteger a su familia, Valeria comienza a investigar en las sombras de su propio matrimonio. Pero cuanto más descubre, más se enreda en una red de mentiras, celos ardientes y una pasión que todavía quema entre ellos. ¿Podrá luchar por el amor de su vida o el pasado regresará para destruir todo lo que han construido juntos? Un destino entrelazado desde el primer día. Un secreto capaz de romperlo todo. En esta batalla por su matrimonio y sus hijos, Valeria descubrirá si el amor verdadero puede sobrevivir… o si solo fue una hermosa ilusión.
Leer másCiento veinte años después de que Lia firmara aquel contrato de odio, una niña de ocho años llamada Sol llegó por primera vez a la casa frente al mar.Era una mañana de julio particularmente hermosa. El flamboyán estaba en plena floración, más rojo y vibrante que nunca. Sus ramas se extendían como brazos protectores sobre toda la propiedad, y el suelo estaba completamente cubierto de flores carmesí, como una alfombra viva.Sol llegó de la mano de su tía, con la mirada baja y los hombros encogidos, como si quisiera hacerse pequeña para que el mundo no la viera. Era la misma postura que Mateo tuvo cuando llegó siendo niño. La misma que tuvo Daniela cuando apareció con su maleta y su culpa. La misma que tuvieron cientos de niños a lo largo de más de un siglo.Amelia, quien ahora tenía treinta y nueve años y dirigía la casa, la recibió en la puerta principal. Se agachó para estar a su altura y le sonrió con la misma calidez que Lia solía tener.—Bienvenida, Sol. Esta es tu casa ahora.La
Cien años después de aquel contrato de odio que cambió todo, la casa frente al mar seguía en pie.El flamboyán que Lia plantó con sus propias manos ya era un árbol monumental, tan grande que su sombra cubría casi toda la propiedad. Sus flores rojas seguían cayendo cada verano con la misma intensidad, como si el árbol se negara a olvidar.Era 12 de julio de 2125.Una joven de diecinueve años llamada Amelia, tataranieta de Mateo, caminaba descalza por la arena al atardecer. Llevaba en las manos una vieja caja de madera que había encontrado en el sótano esa misma mañana. Dentro había cartas, fotografías descoloridas y un contrato amarillento que apenas se podía leer.Se sentó bajo el gigantesco flamboyán y abrió la caja con reverencia.Sacó una foto donde se veía a una mujer mayor de cabello blanco sonriendo frente al mar. En el reverso, escrito a mano, decía: “Lia - 2078”.Amelia acarició la foto con los dedos.—Así que tú eres la que empezó todo esto… —susurró.A su alrededor, más de c
Cincuenta años después del día en que Lia se sentó por última vez bajo el flamboyán, la casa frente al mar seguía latiendo.Ahora era dirigida por la cuarta generación. Una joven de veinticuatro años llamada Elena, bisnieta de Daniela, era quien llevaba las riendas del proyecto. La casa había crecido: ahora contaba con cinco cabañas, un pequeño salón de clases y un huerto donde los niños cultivaban sus propios vegetales.Era un mes de julio particularmente caluroso. El flamboyán, que ya era considerado un símbolo nacional en la zona, seguía siendo el alma del lugar. Sus raíces se habían hecho más profundas y su copa más amplia, como si quisiera abrazar toda la propiedad con sus brazos floridos.Elena caminaba descalza por la arena, tal como lo habían hecho Lia, Mateo, Daniela y todas las generaciones anteriores. A su lado iba un niño de siete años llamado Luis, recién llegado esa misma mañana. Tenía los ojos grandes y una expresión de desconfianza que Elena conocía muy bien.—¿Por qué
Veinte años después de la partida de Mateo, la casa frente al mar seguía siendo un refugio vivo.Ahora la dirigía la tercera generación. La pequeña Lia, que ya tenía veintisiete años, era la directora del proyecto. Había dejado la medicina para dedicarse por completo a continuar el legado de su bisabuela. A su lado trabajaba el hijo de Samuel, quien había heredado tanto el amor por la arquitectura como por ayudar a los niños.Era un 12 de julio más. El flamboyán seguía siendo el rey de la propiedad, más grande y majestuoso que nunca. Sus flores rojas caían con la misma intensidad de siempre, como si el árbol se negara a envejecer.Lia caminaba descalza por la arena, tal como lo hacía su bisabuela. A su lado iba una niña de nueve años llamada Valeria, recién llegada esa mañana. Era tímida, tenía la mirada baja y apretaba con fuerza un pequeño muñeco de trapo.—¿Esta casa es tuya? —preguntó Valeria en voz baja.Lia sonrió con ternura, la misma sonrisa que tenía su bisabuela.—No es mía.





Último capítulo