Cinco años después
Era un cálido 12 de julio. El sol del mediodía caía con fuerza sobre la casa junto al mar, pero una brisa suave proveniente del Caribe aliviaba el calor. La propiedad había cambiado con el paso del tiempo. Habían ampliado la terraza, construido una pérgola de madera y plantado nuevos árboles de mango y flamboyán que ahora daban sombra y color al jardín. La casa ya no se sentía vacía. Se sentía, diferente.
Valeria, con algunas canas visibles en su cabello oscuro y arrugas más