Valeria guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón con manos temblorosas. La foto de Mateo y Emma jugando en el parque seguía grabada en su mente. Alguien los había estado vigilando… y ese alguien estaba cada vez más cerca.
Diego terminó de despedirse de los niños y se acercó a ella. Le dio un beso suave en los labios y le acarició la mejilla.
— Te llamo en cuanto termine con Isabella — dijo en voz baja para que los niños no escucharan—. No salgas de casa hoy, por favor. Y si notas algo r