Valeria no podía dejar de mirar la nota roja en el parabrisas. Las letras gruesas parecían gritarle: “24 horas. O el próximo pinchazo será en alguien que amas.”
Diego la abrazaba con fuerza en el estacionamiento, su cuerpo tenso como un resorte.
— Vamos a tomar mi auto — dijo él con voz urgente—. No toques nada. Llamaré a la policía y a un mecánico de confianza.
Valeria se dejó guiar hasta el SUV negro de Diego. Una vez dentro, con las puertas cerradas, el silencio se volvió insoportable.
— ¿Cu