Valeria se quedó sentada en la cama, abrazando la foto familiar con fuerza. Las palabras habían salido de su boca sin que pudiera detenerlas:
— No… esta noche duermes en la habitación de huéspedes.
Diego se detuvo en seco, como si le hubieran dado un golpe. Su expresión pasó de preocupación a dolor en cuestión de segundos.
— ¿Estás hablando en serio, Lia? — preguntó en voz baja, casi incrédula.
Valeria levantó la mirada. Sus ojos estaban rojos por las lágrimas contenidas, pero su voz sonó firme