Mundo ficciónIniciar sesiónEl imperio de los Orlov no perdona errores. Mucho menos traiciones. Cuando el padre de Isabella Navarro roba información capaz de destruir a la organización criminal más poderosa del país y desaparece sin dejar rastro, Nikolai Orlov toma la única garantía que queda: su hija. Secuestrarla era un movimiento estratégico. Desearla… nunca fue parte del plan. Isabella no suplica. No se quiebra. Y definitivamente no es tan inocente como aparenta. Mientras Nikolai intenta recuperar lo que le pertenece, comienza a descubrir que la mujer que mantiene cautiva sabe más de lo que debería. En un mundo donde la sangre paga las deudas y el poder se impone con violencia, la atracción se convierte en el arma más peligrosa. Pero Isabella guarda un secreto capaz de destruir el imperio Orlov desde dentro. Y cuando la verdad salga a la luz, solo uno podrá gobernar. Porque en esta guerra no sobrevive el más fuerte… Sobrevive el más despiadado.
Leer másNo grité cuando me secuestraron.
Porque en el fondo sabía que este día iba a llegar. Solo no imaginé que él sería quien vendría por mí. La puerta de mi apartamento cayó al suelo con un estruendo seco que hizo vibrar las paredes. El marco se partió como si fuera de papel, y el eco del golpe recorrió cada rincón del lugar que hasta hace unos segundos era mi refugio. No hubo advertencias. No hubo negociación. Solo hombres vestidos de negro entrando con precisión militar. El sonido metálico de un arma siendo montada rompió el silencio. Aun así, no corrí. Siempre supe que los pecados de mi padre no desaparecerían. En nuestro mundo, las traiciones no se olvidan. Se archivan. Se estudian. Y finalmente… se cobran. Con intereses. Lo vi antes de que dijera una palabra. Entró último. Sin prisa. Sin levantar la voz. Sin necesidad de imponerse. Nikolai Orlov. Traje oscuro perfectamente ajustado a su cuerpo. Camisa blanca impecable. Cabello peinado hacia atrás con una precisión casi quirúrgica. Pero eran sus ojos lo que realmente imponía poder: grises, fríos, calculadores. No había rabia en ellos. Había control. Y eso era infinitamente más peligroso. —Isabella Navarro —pronunció mi nombre con una calma inquietante, como si lo estuviera degustando—. Tu padre ha cometido un error imperdonable. No respondí de inmediato. Lo observé. Evalué su postura, la distancia entre nosotros, la posición de sus hombres. El miedo es un idioma universal, y yo me negaba a hablarlo. Dos hombres se acercaron y sujetaron mis brazos, pero Nikolai levantó la mano con un gesto mínimo. —Con cuidado —ordenó suavemente—. Ella no es el objetivo… todavía. Todavía. Esa palabra no fue dicha al azar. Fue una promesa disfrazada. Me escoltaron fuera del edificio. Los vecinos observaban desde puertas entreabiertas, pero nadie intervino. Nadie preguntó. El apellido Orlov tenía ese efecto en la ciudad: silencio automático. Dentro del vehículo negro, el aire era pesado. Cerrado. Calculado. Nikolai se sentó frente a mí, cruzando las piernas con una elegancia que contrastaba con la violencia del momento. —Tu padre robó información confidencial y millones de dólares —dijo finalmente—. Y desapareció hace cinco días. Cinco días. Así que ese era el tiempo que llevaba huyendo. —Entonces búscalo a él —respondí con una serenidad que no sentía del todo. Una sombra de sonrisa apareció en su rostro. No divertida. Analítica. —Lo estoy haciendo. Pero mientras tanto… tú eres mi garantía. No era personal. Era estrategia. Pero algo en su mirada decía que empezaba a convertirse en algo más. El trayecto fue largo. La ciudad quedó atrás y los edificios fueron reemplazados por caminos privados y seguridad visible en cada esquina. Intenté mantener mi respiración estable. Si él descubría lo que realmente sabía, mi valor cambiaría en segundos. La mansión era exactamente lo que imaginé: imponente, silenciosa, rodeada de hombres armados. Un imperio construido sobre miedo y lealtad forzada. La habitación donde me encerraron no tenía barrotes. Tenía lujo. Una cama amplia, muebles elegantes, iluminación cálida. Ventanas blindadas que daban la ilusión de libertad. Una prisión vestida de oro. Antes de salir, Nikolai se detuvo en la puerta. Sus dedos se apoyaron en el marco con aparente tranquilidad. —Si cooperas, esto será sencillo —dijo con voz baja—. Si intentas engañarme… las consecuencias serán irreversibles. Nuestros ojos se encontraron. No bajé la mirada. No le daría esa victoria. Cuando la puerta se cerró, el silencio se volvió absoluto. Solo entonces permití que mi cuerpo liberara el aire que había estado reteniendo. Mi padre no solo había robado dinero. Había robado archivos. Información interna. Rutas. Nombres. Movimientos financieros ocultos. Pruebas suficientes para desmantelar el imperio Orlov pieza por pieza. Y él no sabía que antes de desaparecer me había contado lo necesario. No todo. Pero lo suficiente. Me acerqué a la ventana blindada y observé los jardines perfectamente cuidados. Desde fuera parecía un palacio. Desde dentro… era territorio enemigo. Nikolai Orlov creía que yo era su garantía. Su moneda de cambio. Pero en realidad, yo era el único hilo que lo separaba de la destrucción. Y si quería jugar a la guerra… Yo también sabía mover piezas. La verdadera pregunta no era cuánto tiempo me mantendría cautiva. La verdadera pregunta era cuánto tardaría en darse cuenta de que la amenaza no estaba afuera. Estaba dentro de su propia casa. Y llevaba mi apellido.El silencio después de ese nombre no fue normal.Fue pesado.Oscuro.Peligroso.—¿Quién? —pregunté, sintiendo cómo el miedo regresaba con más fuerza.Nikolai no respondió de inmediato.Sus ojos estaban fijos en la ventana, calculando, evaluando.Como si el tiempo se estuviera acabando.—Se llama Viktor —dijo finalmente.—¿Viktor qué? —pregunté.—No importa su apellido.Su voz fue firme.—Importa lo que es.Adrián soltó una pequeña risa sin humor.—Un fantasma —añadió.—No —corrigió Nikolai—. Algo peor.El sonido de autos afuera aumentó.Puertas cerrándose.Pasos.Muchos.—¿Quién es? —insistí.Nikolai me miró.—El socio de tu padre.El aire se congeló.—Eso no tiene sentido.—Lo tiene.Adrián se apoyó contra la pared, aún con el arma en la mano.—Viktor no solo era su socio —dijo—. Era quien manejaba todo en las sombras.Mi mente intentaba procesarlo.—Entonces… ¿por qué no he oído de él?—Porque se aseguró de eso —respondió Nikolai.—Desapareció después de la muerte de tu padre.—No d
El tercer golpe en la puerta hizo temblar toda la casa. No era un simple llamado. Era una advertencia. Nikolai ya tenía el arma en la mano. —Aléjate de la puerta —ordenó en voz baja. Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Retrocedí lentamente, sin apartar la mirada de la entrada. Otro golpe. Más fuerte. La madera crujió. —No van a esperar mucho —murmuró Nikolai. —¿Quiénes son? —pregunté. —Los mismos que intentaron llevarte. El aire se volvió frío. Peligroso. Un cuarto golpe. Y esta vez… La puerta cedió. Se abrió de golpe. Tres hombres entraron primero. Rápidos. Armados. —¡Atrás! —gritó uno. Pero ya era tarde. Nikolai disparó. El primer hombre cayó. Todo se volvió caos otra vez. Gritos. Balas. Movimiento. Me cubrí detrás de un mueble, sintiendo cómo el sonido de los disparos llenaba cada rincón de la casa. El segundo hombre intentó avanzar. Otro disparo. Cayó. Pero no eran solo tres. Más pasos. Más sombras entrando
La casa estaba en silencio.Demasiado.Podía escuchar mis propios pasos mientras caminaba lentamente por la sala, observando cada rincón como si en cualquier momento algo fuera a saltar desde las sombras.Pero no había nada.Solo quietud.Y pensamientos.Demasiados pensamientos.Nikolai estaba en otra habitación, hablando por teléfono. Su voz apenas se filtraba a través de la pared, baja, controlada, como siempre.Yo no podía quedarme quieta.No después de todo.No después de saber que mi vida estaba conectada con algo tan grande.Algo tan peligroso.Caminé hacia una pequeña mesa cerca de la ventana.Había papeles.Un portátil.Un arma.Nada fuera de lo común en el mundo de Nikolai.Pero algo llamó mi atención.Un sobre.Viejo.Gastado en las esquinas.Fruncí el ceño.No parecía encajar con el resto.Lo tomé con cuidado.No tenía nombre.No tenía dirección.Solo un pequeño símbolo en la parte trasera.Mi respiración se detuvo.Ese símbolo…Era el mismo de la bala.El mismo que Adrián
El silencio en el auto se volvió más pesado después de sus palabras. “Un imperio…” No dejaba de repetirlo en mi cabeza. Miré por la ventana, viendo las calles pasar sin realmente verlas. Todo parecía lejano, borroso… como si mi vida ya no me perteneciera del todo. —¿A dónde vamos? —pregunté finalmente. —A un lugar seguro —respondió Nikolai. —Ya dijiste eso antes. —Y era cierto. Lo miré. —Y aun así casi me secuestran. Nikolai apretó la mandíbula. —Eso no va a volver a pasar. —No puedes asegurar eso. El silencio volvió. Pero esta vez no era incómodo. Era tenso. —Necesito saber todo —dije. —No todo se puede explicar de golpe. —Entonces empieza por algo. Nikolai suspiró. —Tu padre no solo era poderoso. —Eso ya lo sé. —Tenía conexiones en todo el mundo. —También eso. —Pero lo que nadie sabía… Hizo una pausa. —Era dónde guardaba realmente su poder. Fruncí el ceño. —¿Qué significa eso? El auto giró por una calle más oscura. —Significa que su imperio no era solo
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