La traición no siempre llega con disparos.
A veces llega con una sonrisa.
Era tarde cuando tocaron mi puerta. No fue el golpe firme de seguridad. Fue más suave. Casi respetuoso.
Demasiado respetuoso.
—Señorita Navarro —dijo una voz al otro lado—. El señor Orlov ordenó trasladarla a otra habitación por seguridad.
Mentira.
Nikolai no enviaría a nadie sin avisarme primero.
Pero fingí dudar.
Abrí la puerta lo suficiente para ver al hombre. Lo reconocí. Lo había visto patrullando el ala oeste. Siemp