La casa estaba en silencio.
Demasiado.
Podía escuchar mis propios pasos mientras caminaba lentamente por la sala, observando cada rincón como si en cualquier momento algo fuera a saltar desde las sombras.
Pero no había nada.
Solo quietud.
Y pensamientos.
Demasiados pensamientos.
Nikolai estaba en otra habitación, hablando por teléfono. Su voz apenas se filtraba a través de la pared, baja, controlada, como siempre.
Yo no podía quedarme quieta.
No después de todo.
No después de saber que mi vida