El fuego aún no se había apagado cuando Nikolai dio la orden.
—Preparen el avión.
No gritó.
No dudó.
No pidió consejo.
La guerra ya no era defensiva.
Era ofensiva.
Tres horas después, estábamos en el jet privado cruzando el espacio aéreo europeo. Mi herida estaba limpia y vendada. Dolía. Pero no lo suficiente para detenerme.
—Volkov no se esconde en Rusia —me explicó Nikolai mientras revisaba una tablet con rutas y coordenadas—. Opera desde Estambul. Territorio neutral. Punto de cruce entre con