El bosque era oscuro.
Demasiado.
Cada paso que dábamos parecía más lento que el anterior, como si el mismo aire se volviera más pesado a nuestro alrededor.
Nikolai no soltaba mi mano.
Adrián iba unos pasos más adelante, atento a cada sonido.
Nadie hablaba.
Pero todos pensábamos lo mismo.
Nos estaban cazando.
—Tenemos que seguir moviéndonos —susurró Nikolai.
—No por mucho —respondió Adrián.
Me tensé.
—¿Qué significa eso?
Adrián se detuvo.
Mirando al frente.
—Significa…
El sonido de una rama romp