Mundo ficciónIniciar sesión''Lo hice por ti'' susurró mi prometido con una voz dulce que nunca me había dedicado, entonces lo entendí, mi prometido, el hombre que creía amar me mintió toda la vida. En realidad él es un acaudalado heredero de una corporación y siempre ha amado a mi envidiosa hermana adoptiva, Isabela, ella, que ya me había robado el amor de mis padres, me robó también mi futuro. Pero ya no más, si ella puede robarse mi felicidad yo le robaré lo único que verdaderamente le importa en el mundo, su primer amor: El frío e inalcanzable magnate Alejandro Rivera.
Leer másEva permaneció sentada en el borde de un sofá de terciopelo con las manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. La habitación era amplia y elegante y estaba curiosamente llena de es pejos como si las celebridades se arreglaran allí.El silencio era absoluto y la ansiedad había empezado a carcomerla por dentro: ¿Dónde estaba Ulises? ¿Por qué la habían dejado allí en lugar de interrogarla?De repente las puertas dobles se abrieron de par en par. Eva se puso de pie de un salto, esperando ver a Ulises con su arma pero lo que entró fue algo totalmente distinto.Un hombre de mediana edad vestido con un traje de seda color esmeralda y un pañuelo de plumas violetas al cuello entró pavoneándose como si fuera el dueño del mundo. Lo seguía un grupo de tres asistentes que cargaban maletines, percheros con telas finas y cajas metálicas.El hombre se detuvo a un metro de ella, se puso unas gafas pequeñas sobre el puente de la nariz y soltó un suspiro dramático que resonó e
Eva caminó unas cuantas calles hasta llegar al segundo casino de su lista.Nico siempre le hablaba de este lugar con una mezcla de miedo y respeto. Decía que era un sitio donde solo iban hombres con mucho poder y que el ambiente era pesado pero que si tenías una buena racha, podías salir de allí con los bolsillos explotando de billetes.Ella ''por su seguridad'' según Nico, nunca había tenido permitido acercarse a ese lugar, así que Nico solía hacer sus trabajos solo.Cuando las puertas se abrieron Eva tuvo que detenerse un segundo para procesar lo que veía.No era un casino elegante..., este lugar era oscuro, ruidoso y visualmente agresivo.Lo primero que la golpeó fue el olor: una mezcla asquerosa de humo de cigarro barato, alcohol derramado y un perfume de mujer tan fuerte que mareaba.Pero lo que más la sorprendió fue la decoración.No eran solo mesas de juego.... Había plataformas distribuidas por todo el salón donde bailarinas nudistas se movían bajo luces de colores justo al la
La cocina se convirtió en un campo de batalla.Eva, fuera de sí agarró la tostadora vieja y la lanzó con todas sus fuerzas. El aparato se estrelló contra la pared justo a centímetros de la cabeza de Nico.— ¡Sabía que no podía confiar en ti! — gritó ella, con la voz rota de puro odio. Agarró una licuadora llena de polvo y la levantó sobre su cabeza — ¡Todo este tiempo fingiendo que te importaba mejorar y solo querías una ficha más para tus juegos!— ¡Lo recuperaré! — exclamó Nico, tropezando con una silla mientras intentaba esquivar los golpes — ¡Solo debo apostar algo mejor! ¡Una partida más y lo traigo de vuelta con intereses!— ¡Nos van a matar por tu culpa! — Eva le lanzó un plato que estalló en mil pedazos a sus pies — ¡Tú fuiste quien me dio la información sobre ese hombre! ¡Tú me convenciste de que robarle a Ulises era un plan perfecto porque le compraste los datos a aquel tipo de la subasta!Nico se pegó a la pared con la mandíbula tensa. Ya no había rastro de su risa boba, so
Al cruzar el umbral el aire pesado y rancio la golpeó de lleno.El olor a yerba quemada era tan denso que le fue difícil adentrarse en la habitación al comienzo.Eva arrugó la nariz con asco y sin decir una palabra caminó directamente hacia las ventanas del pequeño salón para abrirlas de par en par. El aire frío de la mañana entró de golpe, revolviendo las cortinas amarillentas y las cenizas que cubrían la mesa.— ¡Nico! — gritó mientras avanzaba hacia el fondo.Fue entonces cuando prestó atención y escuchó algunos balbuceos provenir desde otra dirección.Lo encontró en la cocina, tirado en una silla que de milagro puede sostenerlo con la cabeza echada hacia atrás y los ojos apenas entreabiertos. Tenía la mirada perdida en el techo y una sonrisa boba dibujada en la cara.Parecía estar en otro planeta, totalmente ajeno al caos que Eva estaba viviendo.— ¿Qué haces? — le reclamó ella, dándole un empujón en el hombro — ¡Mírate cómo estás! Prometiste que no volverías a hacerlo, Nico. ¡Me
Eva caminó por los pasillos del hospital con el corazón en la boca, llegar ahí siempre hace que se sienta nerviosa y le suden las manos.Al llegar a la habitación se detuvo en el umbral y vio a su hermanito que descansaba en la cama con el rostro relajado y una expresión de paz.Eva dejó con cuidado una bolsa con algunos juguetes y dulces sobre la mesa de noche, moviéndose suavemente para no interrumpir su descanso.Se quedó unos minutos observándolo en silencio... Justo cuando se disponía a darle un beso en la frente la puerta se abrió suavemente y apareció la enfermera de turno.— Se acaba de dormir hace poco — susurró la mujer, haciéndole una seña para que salieran al pasillo — Te estuvo esperando toda la tarde, Eva. Preguntaba a cada rato si ya ibas a venir.Eva sintió una punzada de culpabilidad tan aguda que tuvo que apartar la mirada.— Lo siento, el trabajo... — balbuceó, pero la enfermera la interrumpió con un gesto serio.— Eva, tenemos que hablar — le dijo, llevándola a un
Bajo la luz parpadeante de un callejón cercano Eva salió de la farmacia con una pequeña bolsa de plástico.Se acercó a Ulises, que estaba sentado sobre una banca limpiándose una mancha de sangre del labio con el dorso de la mano. El silencio entre ellos era denso pero no era el silencio tenso de antes sino que había algo que hacía el ambiente un poco más ligero.— Quédate quieto — dijo ella en voz baja, sacando un frasco de antiséptico y algodón.Ulises la miró con intención de protestar pero algo en la expresión sombría de Eva lo hizo guardar silencio.Ella comenzó a limpiar las heridas de sus nudillos y un corte sobre su ceja con una delicadeza que la sorprendió incluso a ella misma.Eva se sentía pesada y llena de culpa al ver que un hombre como él, que no le debía nada más que odio, había recibido golpes que eran para ella.— ¿Viniste al restaurante porque sabías que ellos irían? — preguntó ella sin levantar la vista, concentrada en vendarle una mano.— Los escuché en la calle — r
Último capítulo