Liam
El beso de Isabella seguía intacto en mis labios, como un recordatorio de que ella no me era indiferente. Estuve a punto de levantarme y marcharme directo donde el señor David para contarle lo que su prometida hizo conmigo. Estuve, sin embargo me detuve en seco, no debería hacer eso.
Me puse de pie, desesperado, y quise jalarme el cabello. ¿Por qué demonios me siento atraído por esa mujercita? ¿Por qué siento cosas extrañas por una mujer prohibida? Es la hija de mi jefe, del hombre al que