Mundo ficciónIniciar sesiónEn el reino de A’malur, donde los linajes de Lobos guardan secretos más antiguos que los propios árboles del Bosque de Wood, la profecía de los Ancianos ha permanecido oculta durante siglos: “Cuando la Luna de plata se encuentre con el Alfa Oscuro, su unión será la clave que abrirá o cerrará el portal a las tinieblas”. Valeriah, heredera de los Luz de Luna y portadora de la marca dorada de la Elegida ha entrenado durante catorce años para vengar la muerte de su madre, asesinada en un ataque liderado por la manada Colmillo Oscuro. A su lado está Marcus, heredero de los Lobo Bestia y su amigo de la infancia, cuyo afecto por ella va más allá de la amistad. Kai Wulf, el Alfa Oscuro quien cree que su destino es tomar el control de la energía lunar para romper el pacto ancestral y llevar a su manada al poder. Ahora, Valeriah y Kai deben enfrentar una verdad que podría destruirlos o salvar a todos: ¿será su unión la salvación de A’malur, o la perdición que los Ancianos temieron desde el principio? Mientras se acerca el torneo en A’malur, ambos deberán decidir si seguir los caminos que les han sido trazados, o atreverse a forjar un destino propio.
Leer másADVERTENCIAS (TRIGGER WARNINGS): Contenido de esta novela es para mayores de 18 años. Escenas de tensión sexual agresiva, manipulación emocional, control de poder y temas de consentimiento en zonas grises.
La tarde se extendía sobre Burgo, tiñendo el cielo con tonos púrpura y naranja que pintaban las torres de piedra de "Luz de Luna". En el campo de entrenamiento, el aire estaba cargado con el olor a tierra y el sudor de los guerreros. Valeriah no luchaba era una danza que hacía honor a su instinto de caza. Cerró los ojos un segundo, anticipando cada movimiento de sus rivales. La energía lunar, que para algunos era bendición maldita, empezó a quemar bajo su piel cuando el último rayo de sol tocara el horizonte. Su mano derecha tenia apretada la empuñadura de su espada y las runas grabadas en el acerode su espada vibraron, emitiendo una luz fría que provenia de la violencia de sus ataques. Cinco guerreros, a su alrededor solo músculo y testosterona, atacaban sin descanso. Eran más grandes, sí, pero en los ojos violetas de Valeriah no había miedo, solo la determinación fría de seguir luchando. A sus veintiún años, su cuerpo acostubrado a este conbate desde los catorce años con una disciplina salvaje. Bajo el sudor de su frente, la marca de la Elegida pulsaba oculta, como un secreto que amenazaba con estallar. —¿Lista para que te muerdan el polvo, capitana? —rugió Fergus, con una mezcla de respeto y esa condescendencia machista que a ella le encantaba emfrentar. —No soy tu capitana todavía, Fergus —respondió Valeriah, y su sonrisa fue el último aviso antes del ataque—. Pero hoy seré tu peor pesadilla. El primer golpe fue brutal. Valeriah no se limitó a esquivar; se deslizó como una sombra entre los ataques, sintiendo el viento de las espadas de madera pasar a milímetros de su rostro. Su velocidad no era humana; era el instinto puro de la loba reclamando su guerarquia. En un abrir y cerrar de ojos, desarmó a los dos primeros con golpes secos en los puntos de presión, disfrutando la humillación de oír los huesos crujiendo levemente bajo su habilidad y fuerza. Cuando el tercero intentó emboscarla por la espalda, ella ni lo miró. El vello de su nuca se erizó. Giró sobre su eje y estrelló el pomo de su espada contra la muñeca del hombre. El estruendo del arma cayendo fue música para sus oídos. Los últimos dos atacaron en sincronía, pero Valeriah ya estaba sumergida en el combate de manera diabólica. Dejó que uno creyera que tenía la oportunidad de golpear su costado, solo para ver cómo su rostro se transformaba en sorpresa cuando ella usó su propio peso para lanzarlo contra el suelo. En menos de dos minuto, el campo estaba sembrado de hombres cansados, sudados pero sobre todo humillados. —Son lentos y patéticos ante una hembra tan debil —escupió Valeriah, limpiando su espada con la manga de su camisa. Sus ojos aún brillaban con una fuerza salvaje—. En A’malur no les tendrán piedad ni pedirán permiso para desgarradores la garganta. Si no pueden detener a una sola hembra de su manada. ¿cómo piensan detener a los Colmillo Oscuro? Fergus se levantó, sujetándose el hombro dislocado con muestra en su cara de dolor. —Nadie tiene tu sangre, Valeriah. Ni siquiera el Alfa Bray era una bestia así a tu edad. —Mi padre tuvo el lujo de no crecer con el fantasma de su madre asesinada respirándole en la nuca —cortó ella, su voz tan afilada como el acero. Caminó hacia el manantial, el agua fresca y mejor su cara luego tomó el cuenco de agua para beber; su garganta seca se aliviana; cuando sus sentidos detectaban una presencia. El Alfa Bray la observaba. Sus ojos violetas, idénticos a los de ella, estaban cargados de una sabiduría que a veces ella confundía con debilidad. —Has sido demasiado brutal, hija —dijo Bray, su voz retumbando en el pecho. —La guerra es brutal padre. El "Eclipse de Sangre" no es una leyenda infantil. Si los Colmillo Oscuro abren ese portal, no quedará nadie para quejarse de mis métodos. —La guerra nos ha quitado suficiente —suspiró Bray, su mirada perdida en el horizonte—. Me quitó a mi Luna... no quiero que te conviertas en un monstruo para vengar a otro. —Kai Wulf es el heredero de los monstruos —replicó ella, apretando los puños y la mirada perdida —. Él ayudó a Erik a matar a mi madre. No descansaré hasta que su cabeza adorne las puertas de este castillo. La tensión se rompió cuando el Beta Mikael apareció, serio y agitado. —¡Alfa! Mensajeros de los Lobos Bestia. Es urgente. El hijo de Alfa Thor, Marcus los espera en la sala de reuniones. En la sala el ambiente cambió al entrar Valeriah y su padre. Las conversaciones eran sobre algo más denso y personal. Marcus, el heredero de los Lobo Bestia, se puso de pie en cuanto ella entró. Era la imagen del guerrero perfecto: cabello rubio como el trigo, ojos azules como un mar y una presencia fisica imponente que llenaba la habitación. —Valeriah —su voz ante ella era dulce y profundo. Se acercó a ella, y cuando le tomó la mano, un escalofrio recorrio el cuerpo de Valeriah; no fue un saludo formal. Sus dedos apretaron con una familiaridad posesiva que hizo que ella diera un vuelco involuntario—. Dicen que has dejado a la mitad de tu guardia en la heridos . Sigues siendo peligrosa en combate y bella a la vista. —Solo fue puro entrenamiento, Marcus —sonrió ella, permitiendo que la cercanía del hombre calmara un poco su sed de sangre—. No todos tenemos la suerte de cazar monstruos en el norte para pasar el rato. —Marcus trae noticias oscuras —interrumpió Bray, cortando la tensión sexual que empezaba a flotar en el aire—. El portal en A'malur está cediendo.ya han caído tres puntos de energía y se han visto nicromantes en las zonas. —Están buscando a la Elegida —añadió Marcus, sin apartar la mirada de Valeriah—. Quieren usar tu sangre para romper el pacto ancestral y convertirnos a todos en ganado. Valeriah sintió que su sangre se calentaba y empezaba a arder bajo su ropa, una punzada de calor que bajó por su vientre. La ira y algo más oscuro empezaron a mezclarse. —Entonces que vengan —desafió ella—. Iré a A'malur. Ganaré ese torneo y me bañaré en la sangre de aquellos que desean desafiarme antes de lo pensado. Empezando por los colmillos oscuros y su Alfa Kai Wulf —No —dijo Marcus, dando un paso que invadió completamente su espacio personal, su aroma a pino y madera de roble lleno sus pulmones—. Yo te protegeré. Juntos, nadie podrá detenernos. Por eso he venido hasta aquí, el consejo ya tiene una forma de evitar más desgracias. Valeriah quiso asentir, quiso creer en su palabras, pero la imagen de la muerte de su madre mas esta nueva amenaza cruzó su mente como un relámpago de sangre.El sol se ocultaba tiñendo el cielo que cubría los territorios licántropos. Euwen caminaba junto a Lairael, sus manos entrelazadas, las marcas brillantes de su vínculo latiendo suavemente en sus muñecas, como dos estrellas nacidas bajo la misma luz. Desde que la verdad había salido a la luz, cada paso que daban juntos era más firme, más seguro, como si ya no hubiera sombras que pudieran separarlos. Él llevaba una túnica de tela ligera, bordada con hilos de plata que brillaban al ritmo de su propia energía; ella vestía una prenda blanca y fluida, regalo de Valeriah, que se movía con el viento como si formara parte del aire mismo.—Hoy cruzas el umbral de lo que siempre te perteneció —le dijo Lairael, con voz baja y cargada de emoción, apretando su mano—. A’malur es el corazón de nuestra estirpe, el lugar donde nació todo lo que somos. Allí esperaremos el tiempo que falta hasta tu cumpleaños, hasta que el sello que mi madre puso sobre ti se rompa y seas por completo lo que estás destin
El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas, tiñendo de violeta y naranja los bosques que rodeaban el castillo. Euwen caminaba por los pasillos de piedra, con la mente llena de todo lo que habían hablado Oxy y Thor sobre la profecía de la Luna de Plata, el legado y el peligro que representaba su propio padre. Su pecho ardía con una mezcla de emociones: el temor por lo que venía, la confusión por el poder que llevaba dentro, y sobre todo, ese fuego incontrolable que había despertado por Lairael.Se detuvo frente a la puerta de los aposentos de Valeriah y Kai, dudosa solo un segundo antes de llamar. Al entrar, ambos la recibieron con sonrisas cálidas, esas sonrisas que le hacían sentir que no estaba sola, que ya no era una extraña perdida en un mundo desconocido. Para ellos, ella ya no era solo una protegida; era la una hija que la vida les había dado tarde, pero con la que habían conectado desde el primer instante.—Te noto inquieta, pequeña —dijo Kai, acercándose y pasándole un
Después del ataque, todo el castillo estaba en alerta máxima, pero Euwen no pensaba en la seguridad, ni en las defensas, ni en Marcus. Solo pensaba en Lairael, en su herida, en cómo se había interpuesto entre ella y la muerte. Se había encerrado en sus habitaciones, sentada en el borde de la cama, esperando. Sabía que él vendría. Y efectivamente, pocos minutos después, la puerta se abrió y él entró.Llevaba el pecho descubierto, y la herida habia desaparecido su paso era firme, su presencia tan magnética como siempre. Cerró la puerta con llave, aislando el mundo exterior, y se quedó parado mirándola, con una mezcla de pasión y amor en la mirada.—Sabía que me esperabas —dijo él con suavidad, acercándose despacio.Euwen se levantó, temblando un poco.—Me salvaste la vida. Te heriste por mí… pero tu herida ya no esta? no entiendo, sigues sin decirme la verdad. ¿Quién eres realmente, Lairael? ¿eres Numen?Él suspiró, y por primera vez, vio en él vulnerabilidad, algo que nunca había
La noche caía pesada sobre el Castillo Dorado. Desde que habían visto la señal grisácea que Marcus había enviado, nadie había podido dormir del todo. Euwen caminaba por los pasillos de piedra, con el vestido ligero rozando sus piernas, la mente llena de dudas. Todavía no podía perdonarse a sí misma por la confusión que sentía hacia Lairael. Él era Numen, el que ocultaba secretos, el que parecía saber más de lo que decía… y sin embargo, cada vez que él se acercaba, su cuerpo traicionaba su ira, ardiendo por un deseo que no podía controlar, ese lazo predestinado que los unía más allá de cualquier razón.Lairael apareció al final del pasillo. Alto, de hombros anchos, con esa mirada oscura y profunda que la recorría entera como si pudiera verle el alma. Se acercó despacio, con pasos firmes, y Euwen sintió cómo el aire se volvía denso y cargado.—Sigues evitándome, Euwen —dijo él, con voz grave y suave a la vez, deteniéndose a solo unos centímetros de ella—. ¿Crees que alejarte va a cambia





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