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ADVERTENCIAS (TRIGGER WARNINGS): Contenido de esta novela es para mayores de 18 años. Escenas de tensión sexual agresiva, manipulación emocional, control de poder y temas de consentimiento en zonas grises.
La tarde se extendía sobre Burgo, tiñendo el cielo con tonos púrpura y naranja que pintaban las torres de piedra de "Luz de Luna". En el campo de entrenamiento, el aire estaba cargado con el olor a tierra y el sudor de los guerreros. Valeriah no luchaba era una danza que hacía honor a su instinto de caza. Cerró los ojos un segundo, anticipando cada movimiento de sus rivales. La energía lunar, que para algunos era bendición maldita, empezó a quemar bajo su piel cuando el último rayo de sol tocara el horizonte. Su mano derecha tenia apretada la empuñadura de su espada y las runas grabadas en el acerode su espada vibraron, emitiendo una luz fría que provenia de la violencia de sus ataques. Cinco guerreros, a su alrededor solo músculo y testosterona, atacaban sin descanso. Eran más grandes, sí, pero en los ojos violetas de Valeriah no había miedo, solo la determinación fría de seguir luchando. A sus veintiún años, su cuerpo acostubrado a este conbate desde los catorce años con una disciplina salvaje. Bajo el sudor de su frente, la marca de la Elegida pulsaba oculta, como un secreto que amenazaba con estallar. —¿Lista para que te muerdan el polvo, capitana? —rugió Fergus, con una mezcla de respeto y esa condescendencia machista que a ella le encantaba emfrentar. —No soy tu capitana todavía, Fergus —respondió Valeriah, y su sonrisa fue el último aviso antes del ataque—. Pero hoy seré tu peor pesadilla. El primer golpe fue brutal. Valeriah no se limitó a esquivar; se deslizó como una sombra entre los ataques, sintiendo el viento de las espadas de madera pasar a milímetros de su rostro. Su velocidad no era humana; era el instinto puro de la loba reclamando su guerarquia. En un abrir y cerrar de ojos, desarmó a los dos primeros con golpes secos en los puntos de presión, disfrutando la humillación de oír los huesos crujiendo levemente bajo su habilidad y fuerza. Cuando el tercero intentó emboscarla por la espalda, ella ni lo miró. El vello de su nuca se erizó. Giró sobre su eje y estrelló el pomo de su espada contra la muñeca del hombre. El estruendo del arma cayendo fue música para sus oídos. Los últimos dos atacaron en sincronía, pero Valeriah ya estaba sumergida en el combate de manera diabólica. Dejó que uno creyera que tenía la oportunidad de golpear su costado, solo para ver cómo su rostro se transformaba en sorpresa cuando ella usó su propio peso para lanzarlo contra el suelo. En menos de dos minuto, el campo estaba sembrado de hombres cansados, sudados pero sobre todo humillados. —Son lentos y patéticos ante una hembra tan debil —escupió Valeriah, limpiando su espada con la manga de su camisa. Sus ojos aún brillaban con una fuerza salvaje—. En A’malur no les tendrán piedad ni pedirán permiso para desgarradores la garganta. Si no pueden detener a una sola hembra de su manada. ¿cómo piensan detener a los Colmillo Oscuro? Fergus se levantó, sujetándose el hombro dislocado con muestra en su cara de dolor. —Nadie tiene tu sangre, Valeriah. Ni siquiera el Alfa Bray era una bestia así a tu edad. —Mi padre tuvo el lujo de no crecer con el fantasma de su madre asesinada respirándole en la nuca —cortó ella, su voz tan afilada como el acero. Caminó hacia el manantial, el agua fresca y mejor su cara luego tomó el cuenco de agua para beber; su garganta seca se aliviana; cuando sus sentidos detectaban una presencia. El Alfa Bray la observaba. Sus ojos violetas, idénticos a los de ella, estaban cargados de una sabiduría que a veces ella confundía con debilidad. —Has sido demasiado brutal, hija —dijo Bray, su voz retumbando en el pecho. —La guerra es brutal padre. El "Eclipse de Sangre" no es una leyenda infantil. Si los Colmillo Oscuro abren ese portal, no quedará nadie para quejarse de mis métodos. —La guerra nos ha quitado suficiente —suspiró Bray, su mirada perdida en el horizonte—. Me quitó a mi Luna... no quiero que te conviertas en un monstruo para vengar a otro. —Kai Wulf es el heredero de los monstruos —replicó ella, apretando los puños y la mirada perdida —. Él ayudó a Erik a matar a mi madre. No descansaré hasta que su cabeza adorne las puertas de este castillo. La tensión se rompió cuando el Beta Mikael apareció, serio y agitado. —¡Alfa! Mensajeros de los Lobos Bestia. Es urgente. El hijo de Alfa Thor, Marcus los espera en la sala de reuniones. En la sala el ambiente cambió al entrar Valeriah y su padre. Las conversaciones eran sobre algo más denso y personal. Marcus, el heredero de los Lobo Bestia, se puso de pie en cuanto ella entró. Era la imagen del guerrero perfecto: cabello rubio como el trigo, ojos azules como un mar y una presencia fisica imponente que llenaba la habitación. —Valeriah —su voz ante ella era dulce y profundo. Se acercó a ella, y cuando le tomó la mano, un escalofrio recorrio el cuerpo de Valeriah; no fue un saludo formal. Sus dedos apretaron con una familiaridad posesiva que hizo que ella diera un vuelco involuntario—. Dicen que has dejado a la mitad de tu guardia en la heridos . Sigues siendo peligrosa en combate y bella a la vista. —Solo fue puro entrenamiento, Marcus —sonrió ella, permitiendo que la cercanía del hombre calmara un poco su sed de sangre—. No todos tenemos la suerte de cazar monstruos en el norte para pasar el rato. —Marcus trae noticias oscuras —interrumpió Bray, cortando la tensión sexual que empezaba a flotar en el aire—. El portal en A'malur está cediendo.ya han caído tres puntos de energía y se han visto nicromantes en las zonas. —Están buscando a la Elegida —añadió Marcus, sin apartar la mirada de Valeriah—. Quieren usar tu sangre para romper el pacto ancestral y convertirnos a todos en ganado. Valeriah sintió que su sangre se calentaba y empezaba a arder bajo su ropa, una punzada de calor que bajó por su vientre. La ira y algo más oscuro empezaron a mezclarse. —Entonces que vengan —desafió ella—. Iré a A'malur. Ganaré ese torneo y me bañaré en la sangre de aquellos que desean desafiarme antes de lo pensado. Empezando por los colmillos oscuros y su Alfa Kai Wulf —No —dijo Marcus, dando un paso que invadió completamente su espacio personal, su aroma a pino y madera de roble lleno sus pulmones—. Yo te protegeré. Juntos, nadie podrá detenernos. Por eso he venido hasta aquí, el consejo ya tiene una forma de evitar más desgracias. Valeriah quiso asentir, quiso creer en su palabras, pero la imagen de la muerte de su madre mas esta nueva amenaza cruzó su mente como un relámpago de sangre.






