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CAPÍTULO 4: SECRETOS DE SANGRE Y CADENAS DE PLATA

El frío de la piedra del castillo se filtraba en los huesos de Valeriah mientras caminaba hacia los aposentos de su padre. La marca que kai habia dejado en su mente seguía latiendo, era advertencia silenciosa. Entró sin llamar. El Alfa Bray estaba frente a la chimenea, observando las llamas con una expresión que cargaba el peso de una decisión que había sido forzado a tomar.

—¿Qué pacto hiciste con el consejo y las Sombras, padre? —La voz de Valeriah cortó el silencio como un rayo directo certero.

Bray se vio acorralado por la pregunta, pero no se dio la vuelta inmediatamente. El crujido del fuego fue lo único que llenó el vacío.

—Has visto a Kai Wulf —dijo él, finalmente girándose. Su rostro parecía desencajado como si diez años le habian caido en esa noche.

—Él dice que mi madre no murió por un ataque de su linaje. Dice que ella sabía algo que tiene que ver con una profecia. Que tú… —Valeriah tragó saliva, el nudo en su garganta era como ácido—. ¿Por qué nací con esta marca en una manada de luz, y que tengo que ver con su poder oscuro. que me une a él?

Bray se acercó, intentando poner una mano en su hombro, pero ella retrocedió.

—Tu madre no solo era mi luna, Valeriah. Ella era una saserdotisa y vio que la única forma de detener la extinción de los licántropos era uniendo la luz y la sombra. La marca… no es solo un don. Es una llave. El pacto que hice fue para mantenerte oculta, la profecia para que crecieras como una guerrera y no como un objeto de deseo.

—¡Me mentiste toda mi vida! —rugió ella, sus ojos violetas destellando con una chispa dorada que no debería estar ahí—. ¡Me hiciste odiar a los Colmillo Oscuro por una mentira!

—¡Los odias porque son peligrosos! por que no debes unirte a ellos. —gritó Bray, recuperando su autoridad de Alfa—. Y por eso, he aceptado la propuesta del consejo de unirte a Marcus. Debe hacerlo mañana mismo, antes de partir a A'malur. Su linaje estabilizará tu poder. Él te mantendrá a salvo de Kai… y de ti misma.

Valeriah salió de la habitación antes de que las lágrimas escaparan. No era una hija, era una pieza de ajedrez. Donde había quedado el padre amoroso y el líder que ella ta to admiraba.

Buscando refugio se fue a la torre de vigilancia, encontrándose con Marcus. Él la esperaba en las sombras, su presencia ahora se sentía más pesada casi sofocante. El olor a pino y roble de antes ahora estaba mezclado con un almizcle salvaje, el aroma de un macho reclamando su territorio tratando de marcarlo.

—Tu padre me lo ha dicho. Mañana serás mía —dijo Marcus. No era una pregunta. Se acercó a ella con pasos lentos, depredadores.

—No voy a unirme a nadie por un contrato, no eres mi mate Marcus —respondió ella, intentando pasar por su lado, pero él la detuvo acorralandola contra la pared de piedra.

Esta vez, Marcus no fue gentil sus actos estaban impregnados de una dominacio. absoluta. Sus manos, grandes y fuertes sujetaron sus muñecas por encima de su cabeza. El contraste entre el "amigo de la infancia" y el Alfa que quería poseerla era aterradoramente y repulsivo a la vez.

—No entiendes el peligro en el que estás —gruñó él, hundiendo su nariz en el cuello de Valeriah, inhalando su aroma, - hoy solo profano tu esencia con su aroma pero pronto vendrá a buscarte y te manchara- dijo con una desesperación que la hizo estremecer—. Kai Wulf te quiere para destruirte. Yo te quiero para protegerte y cuidarte. Voy a marcarte, Valeriah. Voy a poner mi rastro en cada centímetro de tu piel para que cuando ese bastardo te vea, sepa que ya tienes dueño.

Marcus bajó una mano hacia su cintura, apretando con fuerza, reclamando su cuerpo.

tocando la piel que ella nunca le había ofrecido voluntariamente. Sus labios buscaron los de ella en un beso que sabía a posesión y urgencia. Valeriah sintió una chispa de calor pero no era pasio. sino una ansiedad traicionera encenderse en su vientre, pero su mente gritaba " Control".

—Suéltame… —jadeó ella entre el beso, luchando contra la extraña sensacion de sus propios instintos—. Marcus, esto no es amor.

—Es supervivencia —respondió él, sus ojos azules brillando con una luz turbia—. Y esta noche, aprenderás que prefiero que me odies estando viva y a mi lado, que verte en los brazos de un Wulf.

Valeriah se centro; y la fuerza volvió a su cuerpo golpeando sin piedad para lograr su liberación.

Marcus la soltó, pero la mirada que le lanzó antes de irse dejó claro que la ceremonia de mañana no sería el fin de su lucha, sino el inicio de una guerra por su cuerpo y su voluntad.

Valeriah se quedó sola, temblando. Estaba atrapada entre un alfa oscuro que siempre creyó el villano pero que le decía la verdad y un amigo de la niñez que decía ser su protector que quería encadenarla. Y en el horizonte, el Eclipse de Sangre comenzaba a teñir la luna de un rojo pecaminoso.

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