Inicio / Hombre lobo / EL ALFA OSCURO Y SU LUNA DE PLATA : Regreso a A'malur / CAPÍTULO 2: SOMBRAS Y SECRETOS EN EL CASTILLO LUNAR
CAPÍTULO 2: SOMBRAS Y SECRETOS EN EL CASTILLO LUNAR

La reunión en la sala del consejo terminó con un sabor amargo en la boca de Valeriah. Mientras los hombres discutían sobre los alcances de la hermandad oscura, y como garantizar que se cumpliera una dichosa profecía. Valeriah sentía que las paredes del castillo se cerraban a su alrededor. Necesitaba aire. Necesitaba el bosque.

Salió sin escolta, ignorando las llamadas de Marcus. Se internó en el Bosque de los Susurros, donde los árboles eran tan antiguos que sus raíces se aferradas a la tierra. La luna, casi llena, iluminaba el sendero con una luz plateada que hacía corazon pulsara con un ritmo salvaje.

Al detenerse frente a un claro, sintió un aroma familiar.

—Sé que estás ahí, Marcus —dijo Valeriah sin detenerse, captando el aroma a pino y madera que lo caracterizaba.

Marcus emergió de las sombras, su figura imponente bloqueando el camino de regreso. Sonreía jamas podre soprenderte. En la oscuridad, sus ojos azules tenían un brilloque Valeriah nunca había notado del todo.

—Es peligroso estar aquí sola, Val —su voz era un gruñido bajo, más animal que humano—. Los cazadores de los Colmillo Oscuro están cerca. Huelen tu poder... huelen tu sangre.

—Puedo cuidarme sola, Marcus. He matado a criaturas el doble de grandes que tú y no han sido problema—replicó ella, dando un paso hacia él, desafiante.

Marcus acortó la distancia aprovechando el momento. La sujeto por los hombros, con fuerza y dominio para recordarle que, aunque ella fuera una guerrera, él era un alfa en potencia. El calor de sus manos atravesó la fina túnica de entrenamiento, calentando su piel.

—No se trata de fuerza, se trata de lo que eres —susurró él, inclinándose hasta que sus labios rozaron su oreja—. Eres la Especial no solo para mi sino para todos. Tu padre quiere vínculo entre nosotros, Valeriah. Yo quiero es vínculo mas que nadie. No dejaré que Kai Wulf te ponga un dedo encima. Ni que tu te pongas en peligro.

Valeriah sintió un frío recorrer su columna que no era de miedo, sino de una extraña rebelión. Antes de que pudiera responder, un aullido cortó el aire. No eran lobos de su manada. Era un sonido cargado de magia oscura, un lamento que hizo que se le erizara la piel.

—Están aquí —dijo ella, zafándose del agarre de Marcus y desenvainando su espada de un solo movimiento.

De entre la niebla, tres figuras emergieron. No eran licántropos comunes. Sus ojos eran dorados y sus cuerpos estaban marcados con runas de sangre que se veían con una energía oscura de color azul . Eran los Sombras de Colmillo, la élite asesina de Kai Wulf.

—Entréganos a la mujer, cachorro de los Lobo Bestia —siseó uno de ellos, su voz sonando como trueno cayendo sobre tierra—. El Alfa Oscuro reclama lo que es suyo.

Marcus respondio con un rugido, su transformación comenzando a deformar sus rasgos, sus colmillos rompiendo sus encías. Sus huesos empezaron a crujir.

Pero Valeriah quien aun no se habia trasformado fue rápida y se lanzó hacia adelante, como un torbellino, su espada de plata y furia enfrentando la amenaza.

La primera cabeza rodó antes de que la criatura pudiera levantar su garra. La sangre salpicó el rostro de valeriah, era caliente y amarga.

La lucha fue brutal. Marcus luchaba con salvajismo, desgarrando gargantas, mientras Valeriah se movía con la precisión de un verdugo. Pero mientras terminaba con el enemigo, sintió una presencia que congeló su entrañas.

A unos metros, apoyado contra un árbol como si estuviera observando una obra de teatro, se encontraba la figura de hombre. No llevaba armadura, solo ropa de cuero negro ajustada que acentuaba un cuerpo hecho para el deseo o la destrucción. Su cabello era negro como el ala de un cuervo y sus ojos... sus ojos eran como el oro y parecía estar envuelto en una neblina azul oscura. La miraba con tal intensidad que parecia poder ver a través de su ropa, de su piel, directo a su alma.

Kai Wulf. -dijo Marcus-.

—Vaya, vaya... —la voz de Kai era pura fuerza y peligro—. La pequeña luna tiene colmillos de verdad.

Marcus intentó abalanzarse sobre él, pero Kai, con un movimiento casi perezoso, levantó una mano. Una onda de energía oscura golpeó a Marcus, lanzándolo contra un árbol con tal fuerza que el tronco se partió. Marcus cayó al suelo, inconsciente.

Valeriah se quedó sola frente al hombre que más odiaba. El asesino de su madre. Su espada temblaba, no de miedo, sino de una sed de sangre incontrolable.

—Acércate, pequeña loba. Quiero disfrutar de tu belleza —provocó Kai, dando un paso hacia ella. Su olor era diferente: olía a tormenta, a sándalo y a algo peligrosamente embriagador—. Mátame si puedes. O deja que te enseñe por qué tu destino no es el que te han contado, lleno de luz y sacrificio; sino arder en el placer conmigo en las sombras.

Valeriah sin pensarlo atacó, pero por primera vez en su vida, su velocidad fue insuficiente. Kai atrapó su muñeca en el aire, tirando de ella hasta que su cuerpo chocó contra el suyo. La diferencia de poder era abrumadora. El calor que emanaba de él era sofocante, y por un segundo maldito, la marca de su frente brilló con una intensidad cegadora, reconociendo al hombre frente a ella.

—Suéltame o te arrancaré el corazón —siseó ella contra sus labios.

Kai sonrió, una expresión cruel y cargada de una lujuria oscura.

—Mi corazón ya te pertenece, Valeriah. Y el tuyo será mio. Solo que aún no lo sabes.

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