Valeriah estaba hundida en la padion pero no rendida asi que modio labios kai hasta hacerlo sangrar.
El sabor a sangre y metal todavía persistía en los labios de Valeriah cuando Kai la soltó en la fosa de combate. El silencio que siguió al beso fue más ensordecedor que el fragor de la batalla. La marca en su frente, esa media luna que siempre había creído una bendición de pureza, latía ahora con una calidez oscura, sincronizada con el ritmo cardíaco del hombre que se suponía debía odiar.